Mercado de Frutas de Legazpi (Madrid) / 1er Premio: Pesquera Ulargui Arquitectos

Madrid tiene una deuda pendiente con la Plaza de Legazpi. Entendida como espacio industrial primero y como intercambiador de transporte después, siempre quedó en el olvido su espacio urbano. No repitamos errores pasados, la rehabilitación del mercado debe permitir la recuperación de la escala de la plaza y la ajustada altura de la propuesta hablara del respeto con el que el Ayuntamiento pretende construir la ciudad. El nuevo edificio terciario, con sus hastiales hacia el frente de la plaza y cuya única limitación consistirá en acotar su mirada, constituirá una nueva puerta para Madrid, una puerta hacia el sur… hacia una nueva realidad.

La ciudad necesita completar su integración con el rio. La hercúlea operación sobre el Manzanares debe acompañarse con incisiones en la estructura urbana existente que definitivamente transformen Madrid. Proponemos que toda la intervención se entienda como un episodio urbano: del Paseo del Prado a la Plaza de Legazpi, y de la Plaza y a través del edificio, ahora sí, hacia el río. Todo lo construido, tanto lo público como lo privado, se somete a esa línea de tensión y su traza se convierte así en expresión de recorrido, de movimiento, de actividad. ¿Existen mejores palabras para un edificio público?.

mercado frutas vista desde la plaza de legazpi

Trata la propuesta de poner a cada parte su nombre (Antiguo edificio rehabilitado, Pabellón vertebrador y Edificios de terciario) y hacerlos aprehensibles para el usuario, tanto en su forma como en su construcción. Una energía contraria nos habla de la unidad, del acoplamiento entre las partes. La colaboración entre lo público y lo privado, tan necesaria para la viabilidad de la operación, es entendida como una idea de encaje, donde las partes median y se someten a una ley superior, basada en el equilibrio del conjunto.

maqueta mercado frutas

El edificio original se conserva sin alteraciones (se propone únicamente la continuación de los voladizos de la planta superior). De contenedor de alimentos a contenedor de trabajadores, sin añadidos ni cubriciones, y sin una organización determinada. El patio, desproporcionado, alberga un nuevo pabellón para el programa público alejado de los funcionarios, y se inserta en el entramado de hormigón por sus aristas que, como exclusas, nos hablan de un edificio en dos tiempos.

mercado frutas legazpi sección

El edificio se transforma por el movimiento interior en una geometría compleja, tensionada en múltiples direcciones: del trazado triangular, heredero del barroco, a una planta moderna, dinamizada por la oblicuidad. Las relaciones entre llenos y vacíos, entre tamaños y programas, son así capturadas por la simultaneidad visual de los planos oblicuos, por el dinamismo que se le confiere así a la actividad municipal.

Planta baja:
planta baja mercado frutas legazpi

Planta baja:
planta primera mercado frutas legazpi

Se trata de recuperar la planta superior, dotar de un sentido a sus vuelos de hormigón y a su calle rodada. Entre el río y la ciudad aparece un nuevo espacio público, un jardín suspendido por donde discurre parte del programa cultural. La creación de un entorno sostenible se complementa con unos paneles termodinámicos y una cubierta ajardinada en un edificio que trata de ser ejemplar y autónomo en su consumo energético. El hormigón en grandes luces, tanto en los edificios terciarios como en el pabellón, homenajea su construcción pasada y una nueva plementería entre los pórticos, entendida como grandes ventanas transformables, convertirá el actual edificio en una construcción moderna, transparente y luminosa.