Casa Joaquin, A Coruña (España) / A-Cero

La vivienda se emplaza en una parcela de forma triangular y con el problema añadido de una fuerte pendiente. La parcela linda con otro terreno por su lado este, al oeste con la vía de acceso y con un precipicio que delimita el terreno por la parte, en la que la vivienda se vuelca a las fantásticas vistas de la ría de A Coruña por el Norte .

El proyecto se materializa bajo estos condicionantes en dos volúmenes maclados que van configurando los diferentes espacios interiores y exteriores, materialización relacionada directamente con el “quehacer” escultórico de extraer materia de un volumen compacto. La vivienda, de esta manera, está claramente abierta hacia la desembocadura de la ría y radicalmente cerrada por el lado que linda con la vía de acceso.

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Interiormente las plantas aparecen funcionalmente divididas por el punto de unión de los ejes de los dos volúmenes, donde a su vez, se ubica la escalera principal, caracterizada por un plano de color rojo en el que se apoya y que recorre también las tres plantas, poniendo todavía mas énfasis si cabe en el carácter nuclear de este punto de la casa.

En la planta sótano, este punto deja a un lado el despacho. En la entreplanta queda a un lado la doble altura de la zona del despacho y la sala de proyecciones y al otro las habitaciones de invitados, en la planta principal o de acceso, el punto de unión de los ejes separa el salón y el garaje de la cocina y por último en la planta superior y con una doble altura sobre el salón, está la habitación principal, desvinculada tanto del eje como del volumen donde se ubica y singularizada en una tercera pieza independiente. La pendiente del terreno permite que tanto desde la planta de las habitaciones de invitados, como desde el salón, como desde la cubierta del mismo (donde encontramos el cubo de la habitación principal), se pueda salir al exterior.

En esta búsqueda de dinamismo, riqueza espacial y pureza volumétrica del proyecto, las soluciones constructivas adoptadas, son consecuentes con lo que se persigue, eliminando todo elemento que pueda distraer de la percepción directa del espacio (elementos de zócalo, tapajuntas, tiradores …), reforzada por la continuidad de paredes, suelos y techos, todos en blanco. También las fachadas de los volúmenes principales, revestidas enteramente por una piel de pizarra y que a su vez hacen invisibles las puertas principal y del garaje, persiguen este fin.

La pureza de las formas se traslada asimismo al esquema estructural. Este se compone de muros de hormigón armado y losas que delimitan el contorno de los volúmenes, eliminando pilares intermedios que alterarían la escala del espacio interior; solo en uno de los muros que flota por su parte inferior respecto al suelo, se permite un apoyo en pilares sin romper la línea del volumen que configura y se crea así un encuentro espectacular de esta pieza con la adyacente. El mobiliario se ha realizado con el objeto de acentuar las especiales características del espacio en el que se inserta.

En el proceso del proyecto se pretenden descubrir nuevas visiones de lo cotidiano relacionadas directamente con la cultura gallega, como el hacer vida en la cocina dando a este espacio una mayor entidad y calidad; el uso de materias propias de la tierra redefinidas en módulo y aplicación (así se hizo con la pizarra en fachada y en la cubierta). También en este proceso se sigue buscando el concepto de vivienda unifamiliar y valorar por igual las diferentes escalas: La urbanística, la arquitectónica y la de detalle.

Otros elementos definitorios de este proyecto son: El separar las zonas representativas de las servidoras, la modulación de la fachada y su textura, el tratamiento limpio de los huecos y la contundencia volumétrica pero en su apropiada escala y en relación directa tanto con su entorno mas próximo (donde hay un magnífico castaño con el que se armoniza la disposición de las distintas piezas), como con el mas lejano (formando parte de uno de los alzados de la entrada a la ciudad), y persiguiendo de igual modo la pureza de formas y espacios.

La opción cromática del blanco y negro con sus matices, presente claramente en el proyecto son seña de identidad del estudio de arquitectura A-Cero y a la vez un elemento más dentro de la búsqueda de lo puro, de lo esencial.