Hace un siglo comenzaron las primeras batallas aéreas de la historia. En aquel momento, un avión como el 'Fokker' era la vanguardia tecnológica, pero quien realmente pasó a la historia fue su piloto, el mítico Barón Rojo, que logró 80 victorias en la Gran Guerra antes de caer abatido en 1918.
Casi cien años después, los cazas de combate han llegado a un nivel impensable de refinamiento tecnológico. Sin embargo, el destino ha querido que sus combates a vida o muerte no los libren los pilotos, sino sus equipos comerciales; y que el campo de batalla sea el mercado internacional.
En la última década han madurado los últimos aviones militares impulsados por Estados Unidos y los países europeos. Así nació 'Eurofighter', respaldado por España, Gran Bretaña, Italia y Alemania (apoyadas, a su vez, en EADS, BAE System y Alenia). La inversión de todo el programa supera los 60.000 millones de euros para fabricar 500 unidades. Francia, por su parte, decidió lanzar su propio caza y, para ello, confió en Dassault, que creó el 'Rafale'.
Más competidores
Estos dos aviones estaban aún madurando en 2001, año en el que Estados Unidos adjudicó a Lockheed Martin el contrato para el 'F35 Joint Strike Fighter', con un presupuesto inicial de 300.000 millones (sumando los costes de desarrollo y la adquisición de 2.400 unidades). Para ello, tiene acuerdos de cooperación con Gran Bretaña, Turquía o Dinamarca.
Los ingenieros de estas compañías de defensa diseñaron aeronaves para combatir y resistir en complejos e imprevistos escenarios bélicos. Idearon aparatos más ágiles que sus predecesores, con capacidades furtivas y sistemas avanzados. Sin embargo, nadie identificó al gran enemigo: una crisis financiera, seguida de una recesión en los países que pagan los proyectos y de una fuerte reducción de los presupuestos de Defensa.
Esto ha desatado una ‘guerra aérea’ en el mercado exterior en busca del aliento que hoy no pueden darle en sus naciones de origen. Y hay motivos para esta batalla: en los próximos quince años se venderán 800 aviones, cuyo valor oscilará entre los 60.000 y 80.000 millones de euros, según fuentes consultadas por EXPANSIÓN.