@Javier Rubio - 02/08/2010
“A veces llegas a un punto donde, con los reglajes y las condiciones de la pista, alcanzas un nivel en el que el coche responde a todas las cosas que haces con él”. Así intentaba expresar Fernando Alonso ese estado de comunión profunda que un piloto alcanza cuando tiene la máquina perfecta en sus manos. En el libro Overdrive, del británico Clyde Brolin, el asturiano expresaba una sensación parecida a la que debieron sentir los pilotos de Red Bull en Hungría, a los mandos de uno de los monoplazas más insultantemente dominadores de los últimos años. Fue algo espectacular.
“Todo va tan suavemente y es tan hermoso”, continua el asturiano, “disfrutas tanto contigo mismo que vas mucho más allá en el pilotaje y llegas a un punto en el que no puedes imaginar que se pueda mejorar más. El coche parece un Scalextric, y tienes la sensación de que no estás dentro de un Fórmula 1, sino de un juguete”. Pues bien, hacía mucho tiempo que en la Fórmula 1 un monoplaza no mostraba una superioridad tan aplastante como la del RB6 en Hungaroring.
El propio Lewis Hamilton explicaba sorprendido esta sensación tras los entrenamientos del sábado: “Mirábamos las cámaras de a bordo, y nos entraba la risa”, reconocía alguien dotado con una extraordinaria capacidad para exprimir cualquier “hierro” que le pongan entre manos. “Nuestro coche es el mejor que hemos tenido nunca, no sé qué demonios están haciendo, pero es increíble el ritmo que tienen aquí...”. Hamilton se quedó corto.
En un mundo donde las milésimas –como en Alemania- marcan las diferencias, el segundo y dos décimas de Vettel sobre Alonso el sábado se antojaba una diferencia sideral, propia de los grandes monoplazas de la historia de la Fórmula 1. Resulta inevitable pensar en el Lotus 79 que dio el título a Mario Andretti en 1978 (“hey man, feels like painted on the road…”). O en el famoso McLaren Mp4/4 con el que, tras sus primeras vueltas en el circuito de Imola, Alain Prost se acercó a Ron Dennis: ”Con este coche ganamos el título”. Perdieron una sola carrera en toda la temporada. El RB6 también recordaba al Williams FW14 de 1992, otra obra de Newey con el que Mansell se tomaba el te en casa mientras sus rivales seguían girando en la pista. O el F2004 de Schumacher, que resolvió en verano el título de aquel año.
Y ya en la carrera, el desarrollo de la misma confirmó la brutal superioridad del RB6, con mayor contundencia si cabe. En solo diez vueltas, y con los depósitos ahora llenos, Vettel sacó otros tantos segundos a Alonso. Por su parte, Webber llevó más allá de lo esperado ese “coche tan maravilloso, que es un placer pilotar”, según palabras del alemán el sábado. Porque el RB6 cuidaba tanto las gomas blandas que el piloto australiano fue capaz de aguantar en pista hasta sacar otros veinte segundos a Alonso, asegurándose así el liderato tras su parada en boxes. Realmente alucinante. Y también rodó otro segundo por vuelta más rápido que el español en su retorno a la pista. Vettel, a pesar de su sanción, terminó pegado a la estela del español, quien reconoció que el alemán le hubiera pasado por encima de haber sido otro el circuito. ¿Y a cuántos pilotos dobló Webber, a pesar del agrupamiento provocado por el coche de seguridad?
Pero a pesar del coche de Scalextric de Red Bull, tan solo veinte puntos separan en la clasificación general a los cinco primeros. El RB6 ha conseguido la pole en todas las pruebas de la temporada menos en Canadá. En seis de ellas los pilotos de Red Bull coparon la primera fila. Paradójicamente, todavía no han conseguido materializar sus resultados en entrenamientos con un doblete bajo la bandera a cuadros. Ni siquiera con el intratable monoplaza a su disposición en Hungría.
¿Qué hubiera sido del actual certamen si Hamilton o Alonso hubieran contado con el RB6? Su fisonomía sería radicalmente diferente. Porque si Alonso y Ferrari han cometido errores, con la perspectiva actual parecen mayores si cabe los de Red Bull. Sobre todo, considerando la mínima diferencia de Webber sobre sus rivales en la clasificación general. Al igual que en Silverstone, Vettel volvió a perder otra victoria en Hungaroring. Cuando acierta uno, falla el otro. Lo triste y curioso es que, con un pepino tan excepcional como el RB6, ninguno de ellos se escapa en la clasificación general. ¿Y qué pasaría si el alemán se viera obligado a trabajar para Webber, viendo sus reacciones ante la derrota?
Que Fernando Alonso fuera capaz de intercalarse este fin de semana entre los dos juguetes de Red Bull vuelve a dar la dimensión de su capacidad como piloto. Con todos los respetos hacia Felipe Massa, el brasileño sirvió como contrapunto para valorar el peso específico de Alonso en Ferrari, y en momentos cruciales de la temporada. A pesar de su agitado campeonato, el español consiguió reengancharse en Hungría con el pelotón de los aspirantes a la victoria final. Quizás en Red Bull estén perdonando la vida al piloto español a pesar de contar con un coche de Scalextric. Podrían pagarlo caro al final de esta temporada.
PD: Vuelvan a ver las imágenes otra vez. Fue infame. Buscaba el movimiento del brasileño con la mirada fijamente clavada en los retrovisores y no en la larga recta que tenía por delante. Como el cazador que apunta cuidadosamente a su pieza, Schumacher esperó que Barrichello saliera del rebufo. Le tenía fijado en su punto de mira, y disparó mandándole contra el muro. Un comportamiento que degradaba más todavía su ya triste retorno a la Fórmula 1.