El palacio se estructura en torno a un amplio patio cuadrado, porticado en sus cuatro lados por un total de 12 arcos deprimidos en planta baja y otros 12 en la primera planta. La fachada, de ladrillo visto, tiene una torre lateral con galería de tres arcos en el último piso, y una elaboradísima portada que concede gran importancia a la heráldica y a la cornisa superior. En el interior, aparte del patio, destacan las carpinterías y las armaduras de las salas, de variada tipología y todas riquísimas, y entre los elementos que se trajeron del palacio madrileño merece especial atención un fresco de Fortuny que fue adaptado al techo de uno de los salones.