El bicentenario coliseo se abrirá, desde este mes, también para unos recorridos por sus salas más escondidas. Anuncios, carteles y programas de mano contarán su historia.
¿Siente curiosidad por saber cómo es el camerino en el que un actor se da los últimos toques antes de salir al escenario del Principal? ¿Ha oído hablar del envarillado de las telas? Si le apetece curiosear entre las bambalinas del bicentenario coliseo zaragozano, no tiene más que esperar unas semanas hasta que comiencen las visitas guiadas que se están terminando de perfilar. La iniciativa forma parte del deseo de abrir el histórico edificio a la ciudad e instaurar estos recorridos por sus entrañas con carácter permanente en los días en los que no haya actividad escénica.
«El edificio y sus 'secretos' los solemos mostrar a grupos y colegios que nos lo solicitan, pero ahora queremos ofrecer las visitas como una actividad programada. Era una idea que veníamos manejando desde hace tiempo y que ya era hora que pusiéramos en marcha», señala el gerente del teatro, Rafael Campos. Una forma también de acercarse, y por qué no, captar, a un público potencial. «El teatro es cada vez más accesible en todos los sentidos y esta es también una manera de que la gente no lo sienta tan lejano y se familiarice con él», comenta.
Avalancha de solicitudes
La divulgación de esta idea a través de la asociación Amigos del Teatro ha provocado una avalancha de solicitudes. En pocos días se han recibido unos 500 correos electrónicos interesándose por el tema y se calcula que cerca de mil personas quieren ya participar. «Nos hemos visto sorprendidos gratamente por la respuesta masiva, pero también desbordados», reconoce Campos. A lo largo de este mes de febrero se anunciarán las primeras visitas y el sistema para reservar con cita previa.
Una primera 'cata' podría llevarse a cabo el próximo 9 de febrero, el primer día libre del calendario, aunque la fecha aún está por confirmar. Rafael Campos calcula que, dependiendo de los espectáculos en cartelera, quedarán disponibles una media de seis o siete días cada mes para ofertar esta actividad por las tardes a partir de las 18.00. Por las características de las estancias que se mostrarán, los grupos no podrán ser de más de una veintena de personas.
Razones hay de sobra para inscribirse. A unos les interesará su curiosa historia. El 25 de agosto de 1999 cumplió doscientos años. En dos siglos ha sufrido sucesivas reformas, de mayor o menor envergadura, hasta que la dirigida por el arquitecto José Manuel Pérez Latorre configuró un nuevo sistema de distribución interior y lo dotó de una gran infraestructura técnica. Otros disfrutarán con las obras de artistas aragoneses como Joquín Pallarés, Dionisio Lausén, Emilio Fortún, Ángel Gracia, Mariano Oliver, Manuel Broto y Jorge Gay, entre otros.
Más allá de la belleza arquitectónica del edificio y las pinturas y murales que lo decoran, buena parte del atractivo será descubrir sus intimidades. Como esa veintena de camerinos que se distribuyen a lo largo de cuatro plantas, la propia maquinaria escénica que normalmente queda oculta a la vista del espectador y ese foso al que se está estudiando si se podrá acceder.
Documentos curiosos
Un reglamento de régimen interior de 1940 en el que se prohibe «terminantemente» a los espectadores «escupir en el suelo», «arrojar desde las localidades objeto alguno» y «dirigir la palabra a los artistas», entre otras normas de conducta. Es una de las piezas más curiosas que se mostrarán en una exposición sobre la historia del teatro que se instalará en papales en el vestíbulo y el deambulatorio de las galerías.
El archivero del Principal, David Ruiz, ha rastreado durante tres años, en los periódicos de la época, el archivo municipal y el material almacenado, estos retazos del pasado que ilustrarán al espectador sobre la evolución de los espectáculos, acordes a las circunstancias políticas y sociales del momento, y las compañías que han pisado estas tablas. Entre los documentos que seguro más llamarán la atención hay hojas de censura, otros sobre espectáculos propios del destape de los setenta y ochenta y sobre grandes nombres.
El más antiguo es un anuncio en el 'Diario de Zaragoza' sobre la inauguración, el 25 de agosto de 1799, que incluye un soneto: «La obra del coliseo justamente / De los hombre sensatos deseada / Por fortuna se ve finalizada / Y el pueblo la gradúa de excelente...».