
Empezado por
gromiko
Gehry pronto cumplirá 82 años y yo creo que su obra hay que verla con el cariño que se ven los últimos proyectos de Niemeyer. Por ejemplo, el asturiano Centro Cultural Internacional del brasileño, si hubiese sido una propuesta de un arquitecto desconocido, seguramente sería tachada de arquitectura desfasada, ingenua, naïf. Pero al ser obra del brasileño yo la veo como un Niemeyer, un ejemplo más de su trayectoria y su única obra en España. Para mí un lujo y una opción preferible a algo hecho por arquitectos actuales más solventes. Y la verdad, el complejo no está mal, al menos no es sonrojante, como sí le sucede a la torre de televisión que Niemeyer está levantando en Brasilia.
Cuando Gehry transformó su vivienda de Santa Mónica en algo parecido a una chabola, empleando combinaciones de materiales propios del arte povera, estaba haciendo algo revolucionario que en su momento pocos entendieron. Luego vendrían otros que a partir de ese material harían otras cosas, incluso más interesantes.
Y lo mismo pasa con ese afán que siempre ha tenido por estrechar el vínculo entre edificios y escultura. Desde colocar con acierto un avión real en una fachada a sus colaboraciones con Claes Oldenburg. Un largo camino para llegar a conseguir una idea tan vieja como que el edificio sea una auténtica escultura habitable. Y sin caer en el kitsch.
Por no hablar de lo que supuso la aplicación CATIA en el desarrollo de la informática aplicada a la arquitectura.
Lo que es cierto es que la arquitectura icónica no pasa por su mejor momento crítico y que la de Gehry nunca se distinguió por la sabiduría de sus plantas.