
Empezado por
Raul
El soberbio edificio de Palacios, nueva sede de la Alcaldía, va a tener gran empaque y categoría, al modo de los Ayuntamientos de las principales capitales europeas.
Aunque hay polémica, yo estoy plenamente de acuerdo.
Un edificio así que parece el Parlamento de Westminster, o un Palacio Real ( como creía un Sr argentino que me preguntó una vez allí, si era tal cosa), no puede estar destinado a Correos, función cada vez más electrónica.
La Casa de la Villa, una joya que tiene toda la historia, y que siempre va a continuar en funciones, es una sede del siglo XVII, el Ayuntamiento de una ciudad del tamaño de Segovia o Toledo de aquel antonces, pero no representa adecuadamente hoy a Madrid. Quedará siempre como el Ayuntamiento de Madrid, el auténtico y el legítimo de siempre ahí.
Como todos los triunfadores, Gallardón entra por la puerta grande de Cibeles, y se sentará frente a la Diosa frigia (que no frígida) de la tierra y la abundancia, de la fertilidad y de la opulencia, totem icónico y suprema deidad pagana de Madrid.
Es nuestra Diana o Afrodita, nuestra Isis, nuestra Gea, nuestra Astartés fenicia.
Representa el eterno femenino que tiene la capital, su belleza y su descaro orgulloso, tirado su carro glamourosamente por los leones que significan el poder y el boato de la Monarquía, pero que es una belleza fina, de rostro humilde y sereno, a la vez.
Gallardón entra en el foro romano e ilustrado de Cibeles, para representar a un Madrid próspero y potente, lleno de aspiraciones de fuituro.