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Tema: Madrid: Finca Marquesa de Torrearias y Marqués de Canillejas

  1. #11 (324386)

    Predeterminado

    por dentro tiene mucha vegetación y el edificio principal es muy bonito.es una pena que algunos edificios como las caballerizas esten en ruinas.Aneleh

  2. #12 (324402)

    Predeterminado

    Que la marquesa viva lo que tenga que vivir, que aunque está bastante mayor según me han dicho, bien se merece una buena última etapa de su vida por donar esta pedazo de finca para convertirla en parque público.

  3. #13 (351647)

    Predeterminado Quinta de Torre-Arias.

    LA QUINTA DE LOS CONDES DE AGUILAR, DENOMINADA DESPUÉS DE BEDMAR.

    Luces y sombras de una gran quinta ignorada.


    En el Camino Real de Alcalá, a mano izquierda, antes de alcanzar el que fuera núcleo histórico de la villa de Canillejas, excepcionalmente aún se emplaza la que fuera una de las posesiones de recreo más célebres en magnificencia y extensión de los alrededores de Madrid, transformada, simplemente, en residencia permanente de sus últimos dueños.

    Creada por la nobleza, continúa cuatro siglos después, y con no menos singularidad, en manos de la misma capa social, aunque no por herencia, sino como fruto de sucesivas adquisiciones. En la actualidad se la conoce como la finca Torres Arias, pero es aquélla que los antiguos manuscritos, guías o crónicas, denominaron de Aguilar, Garro o Bedmar, en las diferentes etapas de su historia. No obstante, a pesar de ser la única quinta particular del Antiguo Régimen en el término municipal de Madrid que intactos conserva su uso residencial, delimitación y, en gran medida, su configuración, tal y como lo demuestran los parcelarios urbanos y las fotografías aéreas, observándose inmutables el palacio, diversas edificaciones y construcciones auxiliares y algunas trazas de los jardines, es un recinto inexpugnable, propiedad privada, cerrada a los "estudios arquitectónicos, ecológicos, agrónomos y medioambientales".

    Y es evidentemente lamentable esta circunstancia, dado su referido carácter insólito, que permitiría clasificar y comprender in situ numerosos aspectos de la relación entre la aristocracia cortesana y el campo durante el Antiguo Régimen, e incluso hasta la Revolución de 1868, "La Gloriosa". Pero el temor a la reducción de la privacidad, legítimo por otra parte, se ha impuesto una vez más al interés general por la historia y la ciencia, dentro del tradicional hermetismo de la nobleza española en dar a conocer al público los tesoros documentales y artísticos que a ella le ha tocado custodiar, y del cual se salvan escasas, pero conocidas excepciones.

    Para conocer la Quinta de Aguilar ha sido preciso, como en otros casos, aunque en ellos lógico por su desaparición, acudir a centros de archivo, ajenos a la propiedad, que conservan documentación gráfica y escrita sobre la misma, con el fin de recomponer su pasado, aun cuando no sea fácil su verificación y comparación con lo actual.

    Su origen es antiguo y oscuro, debido a la extinción de la línea sucesoria de sus promotores, los Condes de Villamor, si bien se sabe que coincide con el establecimiento de éstos en la villa de Madrid y, al poco, de convertirse ésta en capital de la Monarquía.

    El primer Conde, por gracia de Felipe III del 16 de febrero de 1599, fue el criollo D. García de Alvarado y Velasco, nacido en Perú, siendo su padre, D. Alfonso López de Alvarado y Montoya, mariscal y capitán de aquel reino y uno de sus conquistadores, procedente de Secadura en Santader, y su madre, Dª Ana de Velasco Avendaño, dama de la poderosa Casa de Frías.

    Precisamente fue esta señora quien fundó para su hijo en 1579 el mayorazgo de Villamor y Talamanca, a raíz de las mercedes concedidas por el rey Felipe II al fallecimiento de su esposo y del traslado de aquél a la Península, donde habría de contraer matrimonio con su pariente Dª Mariana de Velasco y Velasco Dama de la reina Ana de Austria e hija de los señores de Castiltegeriego.

    Como el cambio de residencia podía suponer la pérdida de la productiva encomienda de indios que había heredado en Charcas, D. García de Alvarado solicitó el 9 de septiembre de 1578 al Consejo de Indias autorización para continuar disfrutándola, lo que le fue concedido provisionalmente con la obligación de regresar. Sin embargo, establecido en Madrid, con una sólida posición económica y social, de lo que es muestra su ingreso en la Orden de Santiago en 1591, llegó a fallecer sin haber vuelto a su tierra natal de modo definitivo.


    Posesión de recreo y señorío: una unión fallida.


    Entre 1580 y el 29 de julio de 1602, cuando otorgó su testamento cerrado el conde D. García de Villamor, se produjo la formación de la Casa de Campo de Canillejas, germen de la posesión actual, pues en dicho legajo notarial, dictado ante el escribano Luis de Hervias y bajo cuya disposición murió dos años después el aristócrata, así se confirma, responsabilizándole él y su esposa de su formación, mediante la agregación de diversas tierras de diversos propietarios, así como de su incorporación, en la última fecha, al mayorazgo por ellos fundado en cabeza de su hijo mayor D. Alonso de Alvarado.

    Se conoce que ya entonces era una quinta cercada, con " palacio, huerta, palomar y demás que comprende", lo que da idea de la importancia que adquirió desde el primer momento, dado el carácter que se le asigna a la casa principal. Lo que por ahora resulta imposible de determinar es la correspondencia entre ésta y la hoy existente, dada la referida prohibición para su visita y su difícil observación desde el exterior.

    En cualquier caso, las noticias halladas entre los siglos XVII y XIX no expresan sobre la residencia más que reparaciones, alguna reconstrucción, conforme a su espíritu primitivo, y mejores diversas en ella, lo que podría hacer suponer el mantenimiento, durante dicho periodo, de sus rasgos esenciales, en cuanto a volumetría y organización. Yendo aún más lejos, de la comparación entre la planimetría decimonónica y la actual, en las que la planta del palacio de Villamor coincide con exactitud, se deduce su permanencia, más del edificio que de los jardines, afectados éstos por las modas y los nuevos conocimientos y experiencias. No obstante, la imagen que se logra visualizar del palacio parece responder más a las reformas efectuadas durante el siglo XIX, que a etapas anteriores.

    Aun no habiendo tampoco certeza, podría deducirse, por la documentación posterior, que la Posesión de Villamor tenía primitivamente una superficie de 6,5 ha, identificándose seguramente con el sector septentrional de la actual, esto es, la falda de un cerro que con fuerte pendiente, alrededor del 9 %, descendía hacia el arroyo llamado después de la Quinta.

    A cota intemedia, 667 m sobre el nivel del mar, dispuso el Conde su palacio, en posición dominante sobre sus tierras y el antiguo núcleo urbano de Canillejas, y accesible, no como en la actualidad desde la calle de Alcalá, vía real de gran importancia, próxima, pero entonces inasequible por lo escarpado del terreno y, sobre todo, por el dicho barranco fluvial, sino por otra entrada que miraba a oriente y a la población, mucho más cómoda, pero dando la espalda a la Corte. Con ésta se comunicaba a través del Camino de la Quinta, antigua denominación significativa de su inmemorial singularidad, el cual partía de la misma Carretera de Aragón, a la vuelta del Vadillo de las Cuatro Esquinas, hoy Barrio de la Concepción, y rodeada la finca por el Norte y Este, delimitándola, hasta volver a encontrarse con aquélla importante arteria. En la actualidad pervive parte del trazado del dicho Camino de la Quinta, un sector en correspondencia con las calles Teseo y Juan Ignacio Luca de Tena y otro inexplicablemente incorporado a la propiedad Torre Arias, aun cuando por su carácter debería ser público.

    El palacio organizaba su planta cuadrangular, de ( 26 x 26 ) m aproximadamente, alrededor de un patio de la misma geometría (13 x 13) m y contaba con un torreón esquinero al sureste, elemento propio de la tipología de la villa, con doble función: dominio del paisaje y disfrute de las vistas y símbolo señorial desde el exterior. Sería, por tanto, heredero conceptual de otras residencias campestres castellanas del Renacimiento, como las del Duque de Escalona en Cadalso de los Vidrios o la de los Osorio de Saldañuela en Burgos, ésta de planta cuadrada, patio con galerías en tres de sus lados y una torre fuerte en un ángulo. Ambas fueron levantadas en el siglo XVI, la de Cadalso en el primer tercio y la de Saldañuela en el siguiente, bajo la influencia del clasicismo italiano, con macla de rasgos compositivos autóctonos.

    Sin embargo, las relaciones formales de la casa de Villamor habría que buscarlas con otros ejemplos más próximos cronológica y espacialmente, como las precedentes de Garnica en Chamartín, realizada hacia 1550, tal y como se estudiará en el capitulo siguiente, la de Vaciamadrid, que fuera del secretario real Sebastián de Santoyo y adquiriera en 1589 su señor Felipe II, o la que este mismo monarca reconstruya en Aceca, a partir de 1555 y bajo las pautas del arquitecto Gaspar de Vega, todas las cuales respondían a una misma arquitectura dentro de la tradición española, con referencias a la "villa clásica", que se materializaban en su emplazamiento estratégico, en un altozano para la obtención de bellas vistas, y en las relaciones edificio-jardín-huerta, además de salvadas licencias, como los chapiteles de origen flamenco.

    Dentro de este grupo de palacetes de recreo, mención especial merece, la que construyó el embajador de Alemania y conde de Frankenburg Hans Khevenhüller en Arganda del Rey, con las que aquélla coincidía en su emplazamiento estratégico dentro del territorio y su relación con la huerta y el jardín. Su composición arquitectónica y uso son conocidos, habiendo sido proyectados por el artista italiano al servicio de S.M. Patricio Caxés en 1594. Estaba configurado por un doble patio, uno principal con la residencia aristocrática y otro auxiliar con las dependencias de servicio, cuadras y caballerizas. En el principal, la edificación que lo rodeaba respondía al esquema castellano torreado, con muros de fábrica mixta de ladrillo y mampostería o tapial, portada, impostas y cornisa de cantería y balcones y rejas de forja. Hacia el patio existían galerías porticadas y contaba con un hermosos jardín cercado en su sector oriental, con fuentes entre cuarteles geométricos, característicos del tipo formal.

    En cuanto al primitivo interior del Palacio de Canillejas poco se puede decir,si no es que contaba con dos niveles: bajo y principal, más cueva y desvanes, y que en su distribución destaca el zaguán,solado de piedra, y la escalera principal, de madera, excepto los primeros peldaños graníticos, tres tramos y ojo central, comunicada con aquél y a su vez con el patio central.

    Los muros de las fachadas eran completamente de fábrica de albañilería sobre cimientos de pedernal y zócalo de cantería de piedra berroqueña, coronados por aleros de madera y cubierta de teja, y compositivamente sencillos,con balcones en los huecos del piso principal y rejas en los del inferior.

    Su imagen aproximada sería la de un caserón o casa fuerte torreada, en cuyo frente sobresaldría la portada de piedra, muy posiblemente en el principal u oriental, con las armas de la Casa en la clave del dintel, como en el Palacio de Legarda en Ambite, también del siglo XVI, o las galerías porticadas, tanto hacia el patio como hacia el jardín. Precisamente, la existencia en Canillejas, de esta última logia vendría fundada en la excesiva profundidad del ala meridional que refleja la planimetría, lo cual podría haberse resuelto con una triple crujía, la exterior abierta, con órdenes superpuestos y balconadas corridas de piedra, al modo de los coetáneos palacio de Ábalos en la Rioja, el burgalés de la Saldañuela, el de Hinojosa en Soria o el argandeño del Embajador.

    Un elemento muy destacable al exterior, que problablemente existía desde su origen, era la escalera de sillería y doble ramal, con barandillas de hierro forjado entre pedestales, que se asomaba a un frente del Palacio, que en atención a la pendiente del terreno debió ser el meridional, con el fin de establecer así su comunicación con el jardín. Precisamente, y con el mismo carácter, existía en la fachada Sur del palacete de Charmartín una escalinata para bajar a una de las terrazas que configuraban su parque, si bien se ignora si el de Canillejas se resolvía también así, aun cuando con evidencia ambos recogieran la influencia del Renacimiento y el Manierismo italiano. Ejemplos de esta vinculación, en los que se observa la diferencia premeditada de cota entre la residencia señorial y el jardín, sería la villa Medici de Poggio a Caiano, obra de Sangallo de 1485, la Villa Madama de Rafael de 1516, la dei Vescovi en Luvigliano de Falconetto de 1529 o la Farnese en
    Caprarola de Vignola de 1559.

    Al primer conde de Villamor sucedió en todos sus vínculos su hijo D. Alonso de Alvarado y Velasco, Gentilhombre de Cámara del Cardenal Infante, tanto en el que había fundado aquél, que incluía la Quinta de Canillejas, como en el de su abuela Dª Ana de Velasco y Avendaño. Logró disfrutar también, al igual que su hermano menor D. Gaspar, de la encomienda en el Perú, como lo prueban las numerosas disposiciones concedidas por el Consejo de Indias para evitar su traslado. No obstante, se registraba el 22 de julio de 1609 una licencia a un tal Alonso Andrés de Alvarado con el fin de ir a aquel reino, cuya fecha coincide con la expiración de la segunda prórroga autorizada dos años antes al 2º Conde, de ese mismo nombre, así como con el Real Decreto del rey Felipe III del 13 de febrero por el que se le permitía vender la Casa huerta amayorazgada de Canillejas, con el fin de redimir con parte un censo y con el resto comprar un juro.

    El comprador fue el secretario de S.M. D. Pedro de Ledesma, quién pagó 4.000 ducados por " la Casa Quinta, palacio, huerta, palomar y demás que comprenden dentro de sus cercas", aunque curiosamente la existencia de esta transacción no supuso la pérdida del dominio y disfrute por parte de los descendietnes de los Condes de Villamor. Cuando tocó a éstos demostrar la propiedad en el siglo XVIII, pensaron que la finca había sido adquirida por Ledesma con dinero y orden del propio conde D. Alonso para poder disponer de ella libremente, ajena a toda vinculación, pues no existía instrumento notarial, ni otros títulos de propiedad que lo rebatieran, y tampoco hubo reclamación o demanda por parte del secretario y sus sucesores. Habrían olvidado que los descendientes de Villamor, o simplemente no les interesó recordar, que una décadas antes, en 1672, se vieron obligados a reconocer un censo sobre la Quinta de Canillejas impuesto por el propio 2º Conde D. Alonso de Alvarado, y previa facultad real, el 11 de enero de 1623, en cuya escritura volvía a considerarse la finca tan vinculada como otros bienes del dico estado.

    Sin embargo, otra de las extensas fincas que los Villamor tenían en las proximidades de aquélla, en el mismo término de Canillejas y también amayorazgada, la que fue origen después de la denominada de la Piovera, sí fue definitivametne transmitida el 19 de diciembre del dicho año de 1609, y previa facultad real, siendo coincidentemente su comprador Pedro de Ledesma.

    Aún cuando en un primer momento pudiera intuirse una relación entre el supuesto viaje de Villamor a las Indias par resolver sus asuntos, los documentos demuestran que este traslado sólo fue temporal, pues volvió a obtener después en Madrid prórroga de residencia por tres años, el 3 de septiembre de 1611, para disfrute del repartimiento. Entendiendo que su familia se hallaba afincada definitivamente en la metrópoli, solicitó D. Alonso de Alvarado, el 18 de febrero de 1612, que dicha concesión fuera de por vida e incluso el 29 de marzo por cuatro generaciones, concediéndosele finalmente por tres.

    La explicación entonces a tanto negocio inmobiliario entre el Secretario y el Conde, con quien le uniría algún tipo de desconocido vínculo, problablemente de amistad, estribaría, no en la intención del último de desprenderse de sus intereses en Canillejas, sino todo lo contrario, con el fin de lograr la cantidad suficiente para adquirir todo el lugar, el aludido "juro", venta real qui hizo a Villamor Felipe IV el 6 de marzo de 1627.

    Sin embargo, como se ha comentado antes, el devenir no quiso que la hermosa Quinta y señorío caminaran al unísono para la posteridad, como se aventuraba y, de hecho, se produciría en otros lugares enajenados por la Corona, ya que el 2º Conde de Villamor no tuvo hijos de sus dos matrimonios, el primero con Dª Juana de la Cerda y Manuel de Villena, hija única del 1º Marqués de la Laguna, y el segundo con Dª Juana de Toledo y Pacheco, de la Casa Condal de la Puebla de Montalbán. Por tanto, cuando le tocó al Conde emprender su último viaje, en 1632, sus bienes se repartirían entre su viuda, a quien correspondió el señorío del término de Canillejas, y su hermano D. Gaspar Antonio, que se convirtió en cabeza de la Casa y dueño absoluto de la Quinta de Recreo de sus antecesores.

    Fue D. Gaspar, 3º Conde de Villamor, Señor de Talamanca, Caballero de Santiago en 1622 y militar que cayó prisionero en Holanda siete años después de esta fecha, durante las revueltas en los Países Bajos, quien había heredado su propia encomienda peruana, cuyo disfrute prorrogable recibió el mismo trato de favor del Consejo de Indias.

    Después de casa cuatro veces sin obtener sucesión y, finalmente, perdida la razón recayó la casa en su hermana Dª María de Velasco Alvarado, quien últimamente había ostentado la administración de aquélla por incapacidad de D. Alonso. Viuda de su primer marido, D. Juan de Mendoza y Velasco, 1º Marqués de San Germán y de la Hinojosa, de cuya unión sólo sobrevivió una hija y su heredera, Dª Ana María de Mendoza y Alvarado, volvió a contraer matrimonio con D. Rodrigo Alonso Pimentel y Ponce de León, 4º Marqués de Viana, sin descendencia.



    La consolidación y engrandamiento de la finca como casa de campo cortesana.


    Vino a parar, por tanto, la Casa de Villamor en esta última señora del linaje de los Mendoza, ya sin las prebendas coloniales, pero enriquecida por la acumulación de títulos que se verían aumentados tras su matrimonio con D. Juan Ramírez de Arellano y Manrique de Lara, 8º Conde de Aguilar de Inestrillas, Grande de España, Señor de los Cameros, Andaluz, Arellano, Comendador de Aledo y Totana en la Orden de Santiago, Gentilhombre de Felipe IV y Teniente General de la Caballería de España. A partir de este momento entró la Quinta de Canillejas en la Casa de Aguilar, tomando esta denominación, que se mantuvo a lo largo de dos siglos.

    D. Juan Domingo Ramírez de Arellano y Mendoza, 9º Conde de Aguilar y 6º de Villamor, 3 º Marqués de la Hinojosa, Caballero de Santiago y Capitán General de Caballería de los Reales Ejércitos en Galicia, debió residir algún tiempo en Valladolid, pues aquí nació su heredera en 1655, bautizada el 20 de noviembre en la Parroquia de San Nicolás, fruto de su matrimonio con Dª Mariana de Guevara, hija de los Condes de Oñate.

    Durante este tiempo, lejos de Madrid, la Posesión de recreo apenas debió ser utilizada y solamente mantenida por la familia propietaria, aunque en 1670 ésta ya volvía a hallarse establecida en la Corte, asistiendo al matrimonio de la 10ª Condesa de Aguilar y 7ª de Villamor, Dª María Antonia de Balbanera Ramírez de Arellano y Guervara, " una de las señoras de mayor calidad, estados y prerrogativas que a la sazón había en las Casas de España", con el malagueño D. Rodrigo Manuel Fernández-Manrique de Lara y Tavora, 2º Conde de Frigiliana y Vizconde de la Fuente , Caballero de Calatrava (1653) y 8º Alcaide de Málaga, miembro de una rama secundaria de ese poderoso linaje.

    Recuperaría entonces la " guerta y casa que está junto a Canillejas" su primitiva función, como lo prueba la resistencia del propio Conde de Frigiliana a desprenderse de la misma, a pesar de las presiones ejercidas por los demandantes del estado de Villamor, concretamente en quien había recaido un censo impuesto sobre el mismo en 1623, D. Gabriel Bernaldo de Quirós, Caballeros de Santiago y más tarde agraciado con el título de Marqués de Monreal (1683). Pretendía este opulento aristócrata liquidar la deuda entre agosto y septiembre de 1672 a través de ese bien del mayorazgo, "la alaja en q. ha puesto los ojos para su satisfazión", utilizando como mediador a un amigo del propietario, D. Agustín Spínola, firme partidario de la resolución del concurso de acreedores, para así reducir los gravámenes sobre el estado, deshaciéndose de una posesión "mal parada", que "sino se repara con mucho gasto antes q. entren las aguas, y vientos del hibierno", acabaría arruinada.

    Tratado el asunto con mucho tiento, para no ofender al Conde de Frigiliana y Señor de los Cameros, al que Bernaldo de Quirós prometía agraciar con "algún regalo" si la empresa llegaba a buen término,no dio el resultado esperado sino todo lo contrario, animándose aquél a la recuperación de la posesión, como documentalmente lo expresan las mejoras y ampliaciones realizadas expresamente en ella, reparándose la casa principal, especialmente la cubierta y aleros, que amenazaban ruina. Hay además cuentas de obras entre 1675 y 1682, relativas a enyesados, remates, carpinterías y pinturas en diversas dependencias, que permiten conocer y constatar algunos datos sobre su distribución, como el número de pisos, dos más la cueva y desvanes, la existencia del zaguán, el patio, con al menos un frente porticado, la cocina o la torrecilla. En el nivel inferior se situaba la curiosa "Sala de la Fruta", denominada de este modo seguramente por sus decoraciones pictóricas, la "galería que mira al patio" y la "pieza donde está hundida la cueva",mientras que en el superior se hallaban las alcobas de los señores, el oratorio, una habitación sobre la cocina, donde debía trazarse una nueva escalera para subir a la
    buhardilla, y otra más con vistas hacia Madrid y hacia el patio, esto es, supuestamente dentro del ala occidental. Se mencionaban, igualmente, la escalinata de piedra para bajar a los jardines desde el palacio, las caballerizas y las cocheras.

    Como responsable de estas actuaciones constructivas figuraba un tal Bartolomé Ferreres o Ferreras, que ostentaba el cargo de maestro de obras en la Quinta del Conde de Aguilar, "junto a la del Marqués de la Piovera", mientras que de los jardines se ocupaba Juan García.Sin embargo, hay también intervenciones de otros peritos por la misma época, como Juan López, vecino de la villa de Barajas, o Tomás Fernández, maestro que era del señor D. Diego de Silva.

    Habiendo fallecido la condesa Dª María Antonio el 4 de diciembre de 1675 en Madrid, en cuyo Monasterio de Carmelitas Descalzos fue sepultada, D. Rodrigo debió convertir la Quinta en ameno retiro para su viudedad, posible como tutor de su único hijo y legítimo propietario D. Íñigo de la Cruz, 11º Conde de Aguilar de Inestrillas y 8º de Villamor, 5º Marqués de la Hinojosa y San Germán, Señor de los Cameros, nacido en Madrid el 3 de mayo de 1673. Incluso después, una vez alcanzada la mayoría de edad, debió existir un acuerdo particular entre el hijo y el padre para que este mantuviera su disfrute, pues sólo así pueden explicarse las ampliaciones de la finca llevadas a cabo entonces por aquél, en su propio nombre, adquiriendo tierras en el otro margen del arroyo, hasta alcanzar su configuración actual.

    De este modo, el 10 de octubre de 1698 el prior y religiosos del Convento de San Jerónimo el Real de Madrid vendían al Conde de Frigiliana una tierra de 21 fanegas y 8 celemines (7,42 ha) plantada de olivos, "con agua del arroyo que la cruzaba y las demás aguas corrientes y manantiales que tenían", por 14.625 reales de vellón. La poseía la Orden desde al menos 1458, al instalarse en Madrid, y había sido formada por la agregación de varias fincas, lindando la finca resultante con el "Camino que iba desde la villa a la ciudad de Alcalá", tierras de Dª Juana Fernández de Córdova, madre del marqués de Canillejas, y otras del propio Conde de Aguilar en el mismo término. Coincide este sector el situado entre el arroyo y dicha vía, cuyo primitivo olivarero mantendría hasta finalizar el siglo XIX y el cual acabaría propiciando el cambio del antiguo acceso principal, en el Camino de la Quinta, a otro emplazado en ella, más cómodo y directo desde Madrid.

    Al año siguiente de esta compra, el 28 de agosto, era su hijo D.Íñigo quien incorporaba otra nueva tierra a la Quinta de 3 fanegas y 3 celemines (1,11 ha), hasta entonces propiedad de Francisco Vizcaíno, vecino de Canillejas, por lo que su superficie total se fijaba ahora en 42 fanegas y 3/4 de 400 estadales cada una (14,63 ha).

    Se convertía de esto modo la finca en Posesión de Recreo acorde a la categoría política y social del Conde de Frigiliana y viudo de Aguilar, uno de los más fieles colaboradores de la reina regente Dª Mariana de Austria, de quien había sido menino y después gentilhombre en 1673, este último nombremiento para acallar el disgusto que entre la aristocracia había producido el encumbramiento de su favorito, Valenzuela.

    Al acceder al gobierno el bastardo D. Juan José de Austria, a partir del 23 de enero de 1677, la Reina madre, que era su enemiga,fue confinada en Toledo y a su leal D. Rodrigo Manrique se le castigó primero en Orán, condenado a servir con cuatro picas, y después se le desterró en Logroño. Al fallecimiento de D. Juan de Austria, el 17 de septiembre de 1679, el Conde de Frigiliana pudo regresar a Madrid junto con la Soberana, prosiguiendo su carrera política con renovado fulgor. Fue Caballero del Toisón de Oro, Virrey y Capitán General del Reino de Valencia en 1680, Capitán General del Mar Océano, miembro del Consejo de Estado desde 1695 y del Supremo de Aragón desde 1698, en cada una de cuyas gestiones hizo notar su carácter "belicoso", escasamente discreto y persuasivo, pero dotado de notable voluntad y generosidad.

    Siempre adicto, por tanto, a Dª Mariana, tomó partido en la cuestión de la sucesión de España por el nieto de ésta D. José Fernando de Baviera, pero muerta aquélla y éste, Aguilar se convirtió en el único partidario del emperador Leopoldo en el Consejo de Estado, aunque en 1700 se acabó alineando con la candidatura del Duque de Anjou. Miembro de la Junta de Gobierno que, presidida por la reina Mariana de Neoburgo, debía actuar al fallecimiento de Carlos II hasta la llegada de Felipe V, fue recompensado por éste con la Presidencia del Consejo de Indias, que Frigiliana ostentó hasta su fallecimiento en 1717.

    Su adhesión al príncipe francés debió terminar la confiscación de los bienes de su Casa por parte de las tropas del pretendiente, el archiduque D. Carlos de Austria, ya que de este modo podría entenderse el que éste fijase su residencia en la Quinta de Aguilar antes de efectuar su entrada en Madrid el 28 de septiembre de 1710.

    Desde luego el notable engrandecimiento de la finca debió contribuir a su fama en la Corte, digno marco, sus jardines y palacio, para el juramento, reconocimiento y proclamación que en la posesión le ofreció a D. Carlos la aristocracia austriaca, bien representada por el Duque de Hijar, el Marqués de la Laguna, el Conde de Palma del Río y el Arzobispo de Valencia, a los que se irían sumando algunos más, con la "esperanza de obtener mercedes y honores".

    Esta ocupación durante la uerra de Sucesión debió hacer mella en la Quinta de Canillejas, que obligaría a realizar, y a su conclusión, nuevas reparaciones y mejoras. El conde D. Íñigo no la descuidó tampoco, pues se conservan "Cuentas de los gastos, mejoras y adelantamientos" hechos en ella, concretamente entre el 1 de febrero de 1725 y el fin de ese año, entre los que se incluían el empedrado del arroyo de la Quinta, "que comienza en el Estanque y fenece en la Cantarilla", cuyo coste ascendió a 100 ducados, la renovación del palomar, con su cubierta, sus bolas y hornillas, la reposición de la albardilla de las tapias y el adorno generalizado de los jardines, para lo cual se adquirieron doscientos tiestos a un maestro alfarero de Alcorcón.

    Su altísima posición se lo permitía y aun lo exigía, pues a sus aludidos títulos de Aguilar, Frigiliana, Villamor, Cameros, La Hinojosa o La Fuente, se sumaban otros muchos señoríos en Castilla, Andalucía y Navarra, la Alcaldía de las Reales Fortalezas de la Alcazaba y Gibralfaro y del Fuerte de Genoveses y sus agregados de la ciudad de Málaga, las encomiendas de Manzanares en la Orden de Calatrava y la de Casa Buenas de Mérida en la de Santiago, aparte de ser Caballeros del Toisón de Oro, Gentilhombre de Cámara de S.M. y Capitán General de sus Reales Ejércitos.

    Habiendo contraído matrimonio el 12 de noviembre de 1689 en Madrid con Dª Rosalía María de Aragón Pignatelli y Pimentel, hija de los Duques de Monteleón, no tuvo en ella descendencia, por lo que, carente de herederos próximos, menos aún en los escasamente prolíficos linajes maternos, decidió ampliar el mayorazgo fundado por Garci Fernández-Manrique, primer Alcaide Mayor y Justicia que fue de Málaga, su sexto abuelo, incorporándole su querida Quinta de Canillejas, procedente del Estado de Villamor y sus agregados, que como bien libre le pertenecía, evitando así su pérdida en manos extrañas.

    Fue protocolizada esta voluntad de D. Íñigo de la Cruz el 11 de noviembre de 1728 ante el escribano Juan Arroyo de Arellano aunque la institución de su único y universal heredero no se produciría hasta tres años después, el 10 de febrero de 1731, mediante testamento en el que designaba como tal a su sobrina segunda Dª María Augusta de Wignancourt Manrique de Lara, hija de D. Enrique Augusto, Conde de la Noy y de la Roche, y su esposa Dª María del Patrocinio de Aremberg Manrique de Lara, Princesa de Barbazán.

    La madre de éste última, Dª Teresa María Fernández-Manrique de Lara Tavora, tía de D. Íñigo y hermana del conde de Frigiliana D. Rodrigo había tenido una hija más,menor, que creó la rama representada entonces por Dª Manuela de Ligne y Aremberg Manrique de Lara, casada con el brigadier de los Reales Ejércitos D. Fadrique Jaime de Portugal y Silva.

    El desacuerdo de éstos con la disposición testamentaria se evidenció a la muerte en 1733 del testador, el 11º Conde de Aguilar, suscitándose un pleito de tenuta que no se solucionó hasta el 10 de enero de 1735, en el que se dio razón a la línea sucesoria mayor, permitiéndole entonces a ésta la posesión y libre uso de todos sus bienes, hecho protocolizado el 9 de marzo y 15 de julio de 1737 ante Gaspar de Beyrana.

    La nueva condesa de Frigiliana Dª María Augusta, aunque residía en el condado de Nemours en Flandes, se trasladó a la Corte al contraer matrimonio con D. Alonso Vicente Solís de Gand y Folch de Cardona, Conde de Saldueña y Marqués de Castelnovo y Pons, sucesor del Duque de Montellano, aceptando ambos la dicha herencia, de la que formaban parte unas causas principales con su huerta y su jardín en a Carrera de San Jerónimo, esquina a la del Prado viejo, donde años después se levantaría el Palacio de Villahermosa, y la quinta que comúnmente llaman de Aguilar, que está en el Camino de Alcalá, junto a la villa de Canillejas, "toda ella cercada con tapias de albañilería y cajones de tierra, y dentro una casa palacio con buenas habitaciones y oficinas para su servidumbre; un palomar; plantío de viñas,olibos, árboles frutales de barias especies y otros no frutales para su adorno."

    Siendo muchas las deudas contraídas por el Condado de Aguilar;los nuevos propietarios se vieron obligados a desprenderse de las dos fincas, urbana y recreativa, por autos de la Real Hacienda y previa facultad real, pues se hallaban vinculadas, las cuales ni siquiera habrían llegado a disfrutar.



    La Quinta de Aguilar en la Casa de Osuna. Un precedente del célebre Capricho de La Alameda, bajo el dominio de la abuela de los promotores de ésta.


    Se interesó por ambos inmuebles Dª Francisca Javiera Bibiana Pérez de Guzmán el Buenao y Silva Mendoza, hija de los Duques de Medina Sidonia, nieta de los del Infantado y Pastrana y viuda del 7º de Osuna, Dº José María Téllez-Girón y Benavides, Marqués de Frómista, Conde de Caracena, Pintoy Ureña, firmándose la escritura notarial, al menos de la venta de la Quinta, los días 24 y 29 de mayo de 1741, ante Eugenio París. No obstante, el trato entre las dos partes era anterior, del 18 de diciembre de 1737, cuando se había fijado el precio en 300.000 reales de vellón, aunque 285.000 correspondían a los acreedores. Era un valor inferior al de tasación, 443.780 1/2 reales, resultado de sumar: 319.159 reales por la Casa Palacio, palomar y tapias de cerca; 60.000 por el caudal del agua; 28.931 1/2 reales por las arboledas, frutales y no frutales, y demás plantas; 20.951 reales por la fábrica de conducción de aguas a la dicha Quinta; y 14.739 reales por las tierras.

    El poco conocido proceso histórico de la Posesión exigió un detallado reconocimiento pericial, del que fue fruto la tasación referida, para lo cual fueron contratados los maestros de obras y arquitectos Francisco Ángel Álvarez Figueroa y Ventura Palomares, quienes crearon un instrumento esencial para conocer el esplendor proporcionado a la finca por los últimos miembros de la Casa de Aguilar, especialmente el conde de Frigiliana D. Rodrigo y su hijo D. Íñigo.

    Nada más producirse el pacto, tadavía sin protocolizar la compra venta, entró la Duquesa de Osuna en su disfrute, hallando tan deteriorada la finca que no la pudo habitar, por lo que se vió obligada a costear con sus propios caudales diferentes obras y reparos, así en la casa y su habitación, como en sus cercas, conductos y cañerías, estanques y plantíos de árboles. Quiso la futura dueña incorporar a la escritura las mejoras efectuadas, solicitando a dichos maestros que volvierean a la Quinta para valorarlas, así como a Antonio de Madrid, jardinero que en ella se hallaba asistiendo de continuo, éste en relación con los aumentos de plantíos, viñas, árboles y demás. El monto total fue de 211.379 reales y 29 maravedíes, que desglosados correspondían: 146.000 reales a las obras en casas, tapias, cañerías, y estanque; 10.500 reales por el desmonte realizado a la parte del Norte; y 54.979 reales con 29 maravedíes por los árboles frutales y no frutales y plantíos.

    Figueroa y Palomares prestaron su declaración ante el escribano Gregorio Miguel Pérez Moreno el 20 de febrero de 1740, en la que se refleja la profunda intervención realizada en el palacio para su restauración, durante la cual se recalzaron los cimientos y se reconstruyó parte de la fachada que mira a Madrid, jarreando ésta y todas como paso previo a su revoco. Se retajaron "todos los tejados que cubren dha. casa a canal avierta" y se rehizo el encadenado de ladrillo del alero, "y lo mismo en la zircumbalación del Pattio por el motibo de los aires", además de colocarse canalones de hoja de lata en todas sus líneas, y vaciaderos de lo mismo, dos rejas del cuarto bajo, del total de trece, y seis antepechos de hierro en los frentes de Poniente y Norte, de los veintiuno existentes, enderezando las buhardillas, asentando y umbralando sus huecos y guarneciendo sus capialzados. Se empedró la circunvalación de la casa y portal y se compuso el patio, se limpió " la cantería de las Portadas, Pilastras y Plintos, y diferentes composturas de Recantones y Lumbreras".

    Al interior se restauraron los cielos rasos y molduras de los techos de las diversas piezas, incluso se colocaron bovedillas de madera en el salón del piso principal y su antesala y se hicieron dos claraboyas circulares en una habitación baja, se blanquearon generalizadamente todos sus paramentos, también los de la escalera, y se solaron con "ladrillo fino de la Rivera, cortado y raspado, diferentes piezas en el quarto prál. y quarto vajo". Se compusieron todas las ventanas y puertas de paso y "los errajes de fallevas, picaportes, zerraduras y zerrojos, habiendo echado nuevos Diferentes dellos", así como el
    "hogar de cantería dela cozina Prál. y ornillas della, haviendo puesto Diferentes losas nuebas de Verroqueño". También se limpió la cueva de broza, vistiendo su lumbrera de fábrica de albañilería.

    Coplementaban estas actuaciones en el Palacio, la realización de dos pedestales y gradas en la escalera principal, "questá por la parte esterior de la Casa", y la renovación de la red de saneamiento, reparando alcantarillas, "tragaderos de Agua llovediza", pozillos de registro, estanque grande y pequeño, orquillas de repartimiento,etc.

    Ya fuera se había desmontado el gran patio posterior o corral de servicio y recompuesto la alcantarilla del arroyo, "que atraviesa el Camino Real de Alcalá", con losas de piedra ordinaria y de pedernal, y la fábrica de albañilería y mampostería que constituía la cerca.

    El jardín y la huerta fueron también objeto de fuertes inversiones, mejorando su riego y desmontando el sector a saliente o ingreso desde Canillejas y a falta del de poniente, que se había de "poner en planta" y hacer en regla. Su jardinero Antonio de Madrid, contratado por la Duquesa de Osuna, señalaba notarialmente el 2 de junio de 1740 los aumentos y mejoras concernientes a las plantaciones enumerando las especies por cuarteles, ocho en total, denominados en función de su ubicación y algunos destinados al monocultivo de membrillos o manzanos asperiegos. La variedad, no obstante, era inmensa, destacando, también entre los frutales, perales cermeños, del Buen Cristiano y bergamotos; ciruelos, albaricoques ,acerolos, perabrigos, guindos, higueras blancas y negras, avellanos, almendros, etc, así como 3.750 cepas, 52 olivos, 212 álamos negros y olmos y 30 álamos blancos.

    Devolvió de este modo, Dª Francisca Javiera, su carácter paradisíaco a la Posesión de Recreo de Canillejas, siendo un precedente , hasta hoy desconocido, de las experiencias campestres que en el mismo siglo habría de promover la Casa de Osuna, especialmente de la célebre finca El Capricho de la Alameda, ya comentada en un apartado anterior.

    Iniciada esta última en 1778, cuarenta y un año después de la primera, a tan sólo 2 Km de distancia, habría de ser auspiciada por sus nietos Dª María Josefa Alonso-Pimentel y Téllez-Girón,Condesa-Duquesa de Benavente, de Gandía, Arcos, Béjar, y su marido el 9º Duque de Osuna D. Pedro de Alcántara Téllez-Girón y Pacheco. Aun cuando en el emplazamiento de El Capricho bien pudo haber influido la proximidad de la Quinta de Aguilar, como zona familiarizada con la Casa de Osuna y hallándose ambas al borde de la Carretera de Aragón, es común criterio que en aquél sobre todo pesaron motivos históricos de restablecimiento de la dignidad familiar, pues cercano se situaba el Castillo del Conde de Barajas, donde injustamente estuvo preso su antepasado el 3º Duque y virrey de Nápoles y Sicilia.

    En cualquier caso, tanto uno como otro hecho no serían más que parte del pasado del linaje, ya que los novenos Duques de Osuna apenas llegaron a conocer la Quinta de su abuela en Canillejas y no tendrían noticias fehacientes de su hermosura y notabilidad más que a través de los relatos de sus mayores. Y es que Dª María Josefa apenas tenía cuatro años cuando se decidió su venta y D. Pedro de Alcántara uno, circunstancia que reduce el posible parentesco formal entre las dos posesiones de la Casa, aun cuando éstos heredaran de la abuela el gusto por los retiros campestres en contacto con la Naturaleza, con el que transformaría artificiosamente para crear espacios y ambientes se suma belleza arquitectónica y artística. Esta costumbre y afición por las jornadas, alejándose de la Corte,cobraría mayor intensidad entre la aristocracia durante la segunda mitad del siglo XVIII, a raíz de los escritos franceses de Rousseau y Saint-Pierre.

    Hecha esta salvedad, lo que parece obvio es que Dª Francisca Javiera Pérez de Guzmán el Bueno introdujo notables adelantos, en la Posesión de Recreo mucho antes, como se ha visto, de su adquisición, actuaciones éstas y aquéllas que le obligarían a emplear notalbes sumas, las cuales logró gracias a la hipoteca de sus casas principales en Madrid, sitas en la Carrera de San Jerónimo, frente a la del Duque de Medinaceli y lindantes con las del caballero de Calatrava D. Manuel Zapata y el Conde de Monterrey.

    A pesar de que había logrado liberar de cargas la finca de Canillejas, pronto contrajo otras nuevas, pues la hipotecó sucesivamente, la primera vez el 9 de agosto de 1746 ante Bernardino Bringas para pagar los 266.000 reales que se estaban debiendo a D. José Larios de Medrano, como apoderado de la causa de beatificación de la venerable madre Sor María de Jesús de Ágreda, proceso éste que quedó paralizado. La segunda fue inmediata, el 22 de septiembre siguiente, para pagar 351.944 reales a diversos acreedores y la tercera el 6 de marzo de 1748, por deudas con D. Pedro Bretons, las dos protocolizados ante el mismo notario Bringas.

    Fallecida la propietaria el mismo año, sus hijos y herederos, D. Pedro Zoilo, 8º Duque de Osuna, y Dª María Fusta, Condesa-Duquesa de Benavente, se vieron incapaces de mantener un patrimonio tan considerablemente gravado, propiciando su venta seguidamente. Antes fue preciso inventariarlo y con él la Quinta de Aguilar, encargándole los propietarios, y sus curadores ad litem, al arquitecto de S.M. D. Manuel López Corona la medida y tasación de su fábrica, sitio y terrazgo.

    Se hallaba todo su perímetro circundado por tapias "compuestas de su cimiento de pedernal, pilares de ladrillo, tapias de tierra con sus berdugos y su Albardilla de fábrica", y en ellas las portadas, configuradas por dos hiladas de cantería, machones de ladrillo y tejarones de madera empizarrados, con las carpinterías pintadas de verde. Toso se hallaba "muy bien trattado á excepción de un pedazo que está arruinado y llevó las aguas del Arroyo que attraviesa dha. Quinta".

    El Palacio expresaba López Corona, se hallaba emplazado en lo alto de la Posesión y en su centro, aunque más acertado sería decir al interior, pues se aproximaba al ángulo Noreste, y constaba de los referidos "quarto vaxo, pral. y Desbanes", alrededor de un patio empredrado. La escalera interior era de madera con barandilla de hierro, mientras que la exterior de sillares de piedra, como se ha indicado, ubicándola Corona en la fachada septentrional, lo cual debe ser también un error, pues contradice la topografía y relación con el jardín, siendo arquitectónicamente más lógica la Sur.


    Había una cuadra con doce plazas de pesebres y una cueva con cuatro lumbreras, "aunque no usan dellas", espacio éste o bodega donde se guardaba el vino, el agua y otros productos que necesitaban temperaturas frescas, y habitual en las casas de campo tradicionales, el cual podía situarse, bien en los sótanos del edificio, bien excavado en el terreno, aprovechando sus accidentes geográficos.Un ejemplo de éste último caso, aún existente, fue el de la citada y contemporánea residencia recreativa del embajador Khevenhüller en Arganda del Rey.

    Dentro de la Quinta de Canillejas, existía un palomar de ladrillo y tapial, con capacidad para mill settecientos y cattorce nidos, todos de Barro fino de Alcalá, una "casería" de dos niveles, de la "misma fábrica que la antecedente á medio hacer", y cuatro estanques de diferentes cabidas, que se destinaban al riego, aunque se encontraban algo deteriorados, "teniendo en ellos, hasta doce rr.5 de agua Dulce, la qual viene concluida por minas y tarjeas con distancia de media Legua. Hay también "una fuente de piedra Berroqueña, con su taza, y pilón para recoger el Agua" de pie, que va expresada, la cual se completa con la del Arroyo, canalizado con paredes de mampostería.

    Es evidente que esta preocupación por la adecuada distribución de las aguas y racionalidad del riego estaba encaminada al florecimiento de los cultivos, extendidos, prácticamente, por toda la Posesión, con una estudiada diversificación. Así, entrando por la puerta principal y oriental, se encontraba el jardín, entre aquélla y el Palacio, "dividido en Quadros", es decir, a la manera clásica o renacentista italiano, con fuentes y cañerías para su riego. Al Norte, siguiendo la línea de fachada de la Casa se situaba el viñedo, de notable importancia cualitativa en la Quinta, y al Sur "muchas tierras de sembrarío y una gran Huerta con muchos Árboles frutales", en lo que antes había sido olivar de los Jerónimos.Finalmente, habría que señalar la mención de López Corona a otras construcciones auxiliares, en concreto al corral para criar gallinas y el "orno de ladrillo mui bien hecho".

    Descrita la finca y su estado, el Arquitecto la tasaba en 741.365 reales de vellón, lo que significaba más del doble de su valor en solamente quince años, reflejando así, con claridad, las elevadas inversiones en ella por la Duquesa de Osuna fallecida.

    No obstante, parte se perdió en el "grande Yncendio" que aconteció poco después, hacia 1750, y aunque se hicieron algunas obras para detener la ruina, especialmente en los últimos pisos y tejados, recomendó en 1754 el administrador Juan Facundo Domínguez, en nombre de D. Pedro Zoilo Téllez-Girón, 8º Duque de Osuna, que se volviera a poner en arrendamiento, como durante los últimos años había estado, para no reducir aún más su estimación y valor, perjudicando a los herederos y acreedores de la testamentaría.

    A la par apareció un comprador, D. Antonio de Estrada y Bustamante, Agente de la Real Chancillería de Granada y vecino de Madrid, quien ofreció casualmente los mismos 300.000 reales de vellón que había pagado la antigua propietaria a los Condes de Frigiliana. Para comprobar la utilidad y concurrencia de efectuar esta venta volvió a solicitar la propiedad a López Corona, ahora en colaboración con el arquitecto, maestro de obras y agrimensor D. Francisco Pérez Cabo, que reconociese su estado y recalculase su valor, sin perjuicio de que el defensor e interesados en dicha testamentaría nombrasen su propio perito.

    Oficializado su nombramiento el 22 de octubre del último año, cuatro días más tarde se les unían los maestros contratados por los últimos, D. Andrés Díaz Carnicero, también arquitecto en diferentes obras reales de S.M. y D. Juan Manuel Guiz "Agrimensor práctico labrador apreciador de tierras y de todo Jénero de Árboles", iniciando juntos los cuatro las tareas de medida y tasación.

    Sin embargo, como éstas se dilataban a causa de Corona, distraído con sus múltiples ocupaciones en los Sitios Reales, el Duque de Osuna decidió excluirle y nombrar en su lugar al maestro Manuel de Molina, quien también sería cesado el 26 de noviembre de 1754. Al fin, el 6 de marzo del año siguiente, Guiz, Díaz Carnicero y Pérez Cabo prestaron su declaración, con la descripción, aún más minuciosa si cabe que la de López Corona, y su valoración.

    En ella expresaron que la Quinta de Aguilar, sita en el Camino de Alcalá, cerca de Canillejas, tenía figura irregular, siendo su área de "quarenta Fanegas y tres Quartillas de Quatrocientos estadales cada una (Marco de esta Villa de Madrid y su tierra), es decir, 13,95 ha, casi exactamente la misma que la medida en 1749, lo que la ratifica.

    Comprendía la superficie de su sitio la "Fábrica del Palacio con sus oficinas, los estanques, Pajar, Palomar, Gallinero y Arroyo" y se dividía su tierra en tres categorías: "la más estable donde está el olivar, Arroyo, Jardín, Casa y Viña, con las Veredas y pasos que tiene", de 14 fanegas (4,79 ha), la de secano, "sembrantía y de mejor calidad", y de 8 fanegas (2,74 ha), y la más excelente, en lo restante, "negra mui migosa, y substtanciosa para todo género de Árboles fruttales, como los tiene, y demás Plantíos de Hortaliza, que con el veneficio de la porción de Agua (que es nueve rr.s en el día que la riegan y ferttiliza sus Plantas) lo hace más apreciable".

    La Quinta estaba completamente cercada con muros de 2 1/4 de grueso, poco más o menos, configurados por pilares de ladrillo uniformemente repartidos, a unos 17 o 18 pies de distancia, y entre cajones de este material y barro, si bien "también algunos con sus tendereles de Cal, fábrica que llaman de Almojayre y otros encajonados entre dhos. Pilares ( en la línea que mira a Madrid- occidental), están hechos de Cal y Ladrillo". En esta orientación la cerca contaba " con su Arco, Bottareles y Sillares por donde entran las aguas del arroyo, atravesando ttodo lo vajo de la Huerta",el cual salía por la línea de Oriente a través de una bóveda y arco de rosca con su reja de hierro y su "despeñadero de losas con sus adoquines y sillares de cantería".

    Había entonces dos únicas puertas en la Quinta: la principal a levante, hecha de fábrica de albañilería, con "sus tranqueros de rodadas",dos pilares o postes para asegurar la cadena de hierro que siempre había tenido "señal de haver enttrado persona real por dha. Puerta", y con tejaroz de madera, y lo mismo en la otra, en el "Camino de Canillejas", seguramente el de Alcalá, " a escepción de carecer, de los posttes, y tener en lugar de tranqueros dos Yladas de Canttería".

    Esta relación de la Corona con la Quinta, materializada para la eternidad con una cadena, posiblemente aluda, más que al Archiduque de Austria pretendiente, el futuro Carlos VI de Alemania, cuya residencia ya se ha referido, a los reyes Carlos II, a su madre Dª Mariana de Austria o a Felipe V, protectores del conde viudo de Aguilar D. Rodrigo. Aquí acudirían invitados por éste a algún acontecimiento festivo o simplemente a hospedarse para pernoctar en algunos de los traslados reales por el Camino de Alcalá, lo que solía ser habitual, eligiéndose las moradas más adecuadas existentes en sus itinerarios. Las crónicas de viajes están plagadas de múltiples ejemplos en uno u otro caso.

    En cuanto al Palacio, con prolijidad se detuvieron en él los peritos, precisando que en su piso bajo se hallaba la repostería, cocinas principal y de la familia o servidumbre y las cuadras, con sus pesebreras forradas de chapa, y en el alto las salas, dormitorios, recibimiento, galería y oratorio, "con las demás viviendas correspondientes a la franqueza de dho edificio".

    Se menciona nuevamente la cueva, el zaguán y el patio empedrado, la escalera de peldaños de madera de media vara de huella, 42 cm aproximadamente, labrados con su bocel y barandas y pasamanos de hierro "mazorqueados", hogares de piedra y chimeneas francesas. En la fachada se integra su esmerada arquitectura, con resaltos y pilastras de cantería en el cuerpo inferior, algunos chapeados de losas, jambas, dinteles, y batientes de lo mismo, así como gradas de similar piedra en la entrada de alguna puerta, balcones y antepechos de hierro común y alero con su escocia de madera.

    Adosada a uno de los frentes, tampoco aclarado en esta ocasión, se hallaba la citada escalera exterior de cantería labrada " de quatro tiros" protegidos por barandillas de forja, con hiladas de sillares y diferentes almohadillados y resaltos, así como nichos o capillas en lo bajo. Servía este elemento, como se ha dicho, para comunicar el Palacio y los jardines, creando, sin duda, un bello efecto desde el exterior, en línea con otros ejemplos renacentistas o manieristas italianas, como las enumeradas villas Medici de Poggio a Caiano, dei Vescovi y Caprarola y otras posteriores, como la Garzoni en Collodi, con escalinatas de varios ramales y nichos para esculturas flanqueándolos. En sus inmediaciones existía un cenador, entonces sin uso, configurado por una fuerte en su centro, con su taza y pedestal, solado de piedra y grada alrededor, con 13 basas para el emparrado.

    A diferencia de la descripción hecha por López Corona, Cabo, Carnicero, y Guiz señalaron algunas de las obras necesarias que se habían ejecutado para la organización de los terrenos, como la barbacana que, atravesando por delante del estanque principal y alameda, contenía el plantío, y también diversos elementos o construcciones repartidos por la Posesión, como los pilares de piedra guarnecidos con yeso, que servían para los emparrados, el tejar, la cerca del gallinero, el palomar de ladrillo y tapial, con pilares y arcos de esta fábrica para formar los nidos, la mayor parte desbaratados y servibles 400, poco más o menos, el pajar, de dos alturas, por formar cubierto de sus armaduras y dos buardillas, o la casilla "q.e está en la viña del Moscatelar", con su arca para recoger las aguas que vienen encañadas desde el campo, fuera de las cercas y cuyo origen se ignoraba.

    Además añadían los componentes de la infraestructura para asegurar y aprovechar a tiempo el riego, como las minas de ladrillo con su rosca de los mismo, que conducían de agua que vertía en los estanques altos y bajos, hechos de la misma fábrica y con sus llaves de bronce, "pozillos de rexistro, surtidores - o fuentes- del jardín", canales de piedra berroqueña con sus arquetas o la presa en el arroyo.

    "Tanvién se dio valor á todos los Árboles frutales y silbestres que están plantados dentro de la Jurisdicción de dha. cerca", cuya diversidad coincidía en gran medida con la existente en 1737, esto es, 2.550 cepas de moscatel, 700 perales, 97 ciruelos, 63 manzanos, un melocotonero, 57 guindos, 18 albaricoques, 63 membrillos, 3 acerolos, 95 almendros, " y en ellos algunos de Almendra dulce", 3 cermeños, 17 higueras, 47 castaños de Indias, 59 moreras de seda, 3 de mora negra, 2 olmos vestidos de hiedra, 503 álamos negros, 138 álamos blancos, "sin yncluir los grandes que están en la Arroyada fuera de la cerca", 56 olivos, 39 avellanos y la "mimbrera que está á a orilla".

    Comparando ambas descripciones, realizadas con diecisiete años de diferencia, se deduce la reducción del viñedo y mantenimiento del olivar, así como la importancia que la Duquesa viuda de Osuna había dado al arbolado de sombra, triplicando su número, posiblemente con objeto de configurar un bosque que rodeara la trama ortogonal de la huerta y el jardín, recogiendo así las enseñanzas de Le Nótre.

    El valor dado por Díaz Carnicero, Pérez Cabo y Guiz ascendía a 755.055 1/2 reales de vellón, no sólo no inferior, sino sensiblemente superior con respecto al de López Corona, antes del incendio de 1750, lo que demuestra que la incidencia de este siniestro no fue tan significativa como las primeras impresiones temían, aunque tampoco es descartable que en cinco años se hubiera logrado su completa restauración, si bien esta alternativa es menos factible,estando, como estaba, destinada al arrendamiento.

    A pesar de esta tasación solamente se elevó la suma ofertada por Estrada a 380.000 reales, protocolizándose la venta judicial de la fábrica del Palacio con sus oficinas, estanques, pajar, palomar, gallinero y arroyo con sus fábricas, árboles frutales y silvestres, minas, cañerías, aguas corrientes y manantes, el 7 de mayo de 1756, ante el escribano Juan Antonio Lapuente.

    Durante este proceso La Posesión se había deteriorado. "cómo es público", por hallarse arrendada a un individuo que a menos precio la usufructuaba, dejando romper sus puentes, secar sus plantas y arruinar sus tapia, pues se hallaba uno de los esquinazos con el Camino de Alcalá caído y sustituido por otro de tierra.


    Una etapa singular: la posesión como reflejo de otros poderes sociales de la Corte, el religioso y el comercial.


    El nuevo comprador no era más que un agente o representante de una institución más poderosa, el Convento y Colegio de Santo Tomás de Aquino de Madrid, de la Orden de los Predicadores de Santo Domingo de Madrid, en quien renunció y a quien cedió y traspasó la Quinta y Palacio y demás pertenencias el 4 de junio siguiente, mediante declaración notarial ante Pedro Díaz. Dicha institución había sido fundada en 1584 por la propia orden dominicana en la calle de Atocha, inmediata a la Cárcel de Corte, la cual alcanzó gran celebridad en su tiempo por las enseñanzas de filosofía y teología y por salir desde sus dependencias la "ostentosa comitiva de los Autos de fe" con los pendones y cruces del Santo Oficio.

    Utilizada la finca desde entonces y mayoritariamente con fines agrícolas, no debió reportar a los frailes lo esperado, pues apenas invirtió caudales para su mantenimiento. No obstante, se hicieron algunos reparos, encomendados al maestro de obras y alarife de Madrid D. Manuel Burgueño, que no lograron impedir que tres lustros después la Casa y las cercas amenazaran ruina y que "de ora en ora" se fuera deteriorando todo lo demás.

    "Por falta de caudales para el cultivo de la tierra y de los árboles, y para reparo de las cañerías", optaron los Dominicos por su venta, encontrando comprador en la persona de Dª Josefa María Arizcun e Irigoyen, casada en segundas nupcias con D. Luis Manuel de Quiñones, Caballero de Santiago y Capitan en el Regimiento de Reales Guardias Españolas de Infantería, quien pagó 240.000 reales de vellón por toda la Quinta de Aguilar, una cifra a la baja con respecto a su valoración anterior.

    Esta circunstancia es reflejo de su depauperada situación y depreciación, aun cuando previamente hubiera sido tasada, el 19 de noviembre de 1771, en una cantidad superior, más de 450.000 reales de vellón.

    De la justipreciación de las edificaciones se ocupó D. Juan Antonio Álvarez, arquitecto habilitado por la Real Academia de San Fernando, que la fijó en 416.933 1/2 reales de vellón. Para ello levantó un perdido plan,muy pormenorizado, en el que representó la figura multilateral de la Quinta, con sus entradas y salientes, dentro de la cual se ubicaba "el Palacio, Cabellerizas, corralón de éstas, palomares, estanques, Arquillas de registro, Labadero, Corralón de abaxo y los dos miradores de junto á el arroio" que ocupaban una superficie construida de 57.243 pies cuadrados (4.388,63 m2).

    Describía Álvarez a continuación cada elemento, la cerca, sus dos puertas, la del Camino Real de Alcalá, ahora convertida en principal, y la de Canillejas, que continuaba siendo la más cómoda para acceder al Palacio. Junto a éste se hallaba la tahona, construida probablemente por los frailes, y formando parte de él "la cueva bestida" y el patio, con un pozo con su losa y argolla "para registrar la mina que sigue hazia el arroyo". El Arquitecto ofrecía alguna noticia más sobre el interior de la residencia palaciega, reseñando la escalera principal, " que es de un ojo, con pasamanos de fierro amazorcados, que tiene una entrada por el zaguán, y dos peldaños de Piedra", existiendo otra escalinata de lo mismo para baja al patio".

    En la planta baja había diversas piezas, alcobas, dormitorios, un horno para la pasta y dos cocinas, una en lo bajo, posiblemente en semisótano, y otra arriba, de mayor enjundia, ambas con losas de piedra en suelo, hogar y algunos paramentos, y la última con una pila para fregar. Existía además otra pila en "el passo que hay de la escalera prál, que cada una es de una piedra y sirbe por la parte extterior de batiente, y por la interior de la pila con su baciadero, y la ótra en la misma forma solados de ladrillo fino de la ribera".

    Desde este nivel se comunicaba con la magnífica escalera exterior de piedra, configurada por dos ramales enfrentados y dos tiros en cada una de rosca de ladrillo, entre mesillas de la misma fábrica, "y en su frente, áunq.e está arruinada partte della, se compone de basas, jambas que siguen hasta q.e recuadran con las sobrezancas; hay dos puertas con vatientes, Jambas, y dinteles, y otras puerta que es más grande, tiene lo mismo". Andaban rodando algunos pedestales que servían de remate, en donde estaban embebidas las barandillas o pasamanos de hierro "ámazorcado", que se habían retirado y conservado.

    En el piso principal, Álvarez alababa su buen repartimiento, "de grandes Salones, piezas de paso, Alcobas, dormitorios y demás", acondicionado con tres chimeneas de piedra y destacando el oratorio, cubierto por una bóveda tabicada y doblada de ladrillo.

    En cuanto a los frentes exteriores del Palacio, el principal o meridional estaba algo deteriorado, con un lienzo que no valoró por hallarse apeado y ser preciso demolerle y reconstruirlo.

    Hacia la parte posterior o septentrional se encontraría el corralón con las caballerizas, levantadas recientemente por los dominicos y resueltas con muros de ladrillo y cajones de tierra, cubierta a dos aguas de teja y tabla y " un corto pajar" abuhardillado. Este mismo tipo de construcción presentaban los ya dos palomares, uno con su pila grande de piedra en el centro, "para el bebedero de las palomas", y en el segundo, "que esttá muy bien ttratado", tenía un forjado de madera a media altura.Los estanques eran de fábrica de ladrillo, incluso el del lavadero, "solado de losas para labar", con sus arquillas de registro de lo mismo.

    En la descripción de Álvarez cobran gran importancia las obras efectuadas en la Posesión para canalizar el arroyo que lo atravesaba y controlarlo, así como la fuerte pendiente que hacia él descendía. Dentro de este grupo habría que enumerar los murallones de mampostería, el puente, "por donde sale el água, de dha. Quinta y sigue á Canillejas", las manguardias de piedra berroqueña, losas y dintel para contener su empuje, o la gran reja de hierro, "a mano diestra".

    Por último informaba de la conservación del cenador y su situación en el parral, con una fuente central de piedra con su adorno y pilón ochavado, hallándose solado y levemente elevado, con un peldaño con su bocel y filete.

    De la tasación de lo cultivado en la huerta de los Padres Dominicos del Convento de Santo Tomás se encargó D. Francisco Aparicio, Jardinero Mayor del Real Sitio del Buen Retiro y Arbolista en él, quien contabilizó 47 moreras, 31 perales cermeños, más 8 mosqueruelos, 70 bergamotos, 251 del buen cristiano y 3 ordinarios, 1 melocotonero, 24 manzanos, 8 albaricoques, 9 cerezos, 35 guindos, 3 morales, 5 acerolos, 7 membrillos, 2 esperiegos, 1 níspero, 1 camueso, 40 ciruelos, 11 higueras blancas y negras, 8 olivos, 354 almendros, 20 avellanos y 42 parras, que demostraban una producción similar a la de dos décadas antes, en general algo menor, especialmente la vinícola y moscatelar. Más drástica había sido la reducción del arbolado de sombra, apenas 40 castaños de Indias, 48 álamos blancos y muchos ya perdidos, así como del jardín, en el que aún se enumeraban 114 rosales. Su valor se calculó en 35.354 reales de vellón y 17 maravedíes.

    El 27 de abril de 1772 se formalizó la escritura de compra-venta ante el notario Tomás Culebras, por el que Dª Josefa María de Arizcun quedaba como dueña absoluta de la finca, con su Casa Palacio y cercas amenazando ruina y sus 41 fanegas de tierra de la medida de 400 estadales de diez tercias (14,03 ha), aproximadamente igual medida a las efectuadas en tasaciones anteriores.

    Es de suponer que, dada la solvencia económica de esta dama, inmediatamente comenzaría la restauración del conjunto para su disfrute, el de su esposo y los hijos habidos en su primer matrimonio con D. Ambrosio Agustín de Garro y Micheltorena, su primo segundo, Caballero de Santiago (1743) y destacado financiero que había sido de la Corte.

    Procedía Dª Josefa María, como este último, de nobles familias navarras que, triunfando en los negocios durante el siglo XVIII, habían venido a establecerse a Madrid. Sin duda, la figura destacada de su linaje había sido D. Miguel de Arizcun y Mendinueta, un hombre hecho así mismo, que había abandonado la ruralidad de su valle del Baztan, del que era natural, por una casa comercio en Madrid, la cual le permitiría conquistar las capas más altas de la sociedad y obtener en 1741, "por los buenos y señalados servizios que avía hecho y estava haciendo a la Corona", con un título nobiliario, el de Marqués de Iturbieta.

    Entre sus negocios destacaban la provisión de víveres a la Marina y la administración de las rentas generales de las lanzas de los reinos de Castilla y Aragón y las provinciales del de Galicia, con los que alcanzó tal riqueza que sólo uno de los dos mayorazgos que fundó estaba dotado con 200.000 pesos de a 15.000 reales de vellón por capital. Éste fue el que agregó al título nobiliario recibido, nombrando como sucesor inmediato a su hermano mayor D. Francisco de Arizcun Mendinueta, pagador general de juros y mercedes en Madrid, cargo que desempeño después de haber probado fortuna en Ámerica, como Alférez de Infantería Española, y de casarse en la localidad de Puebla de los Ángeles de Nueva España con Dª María Josefa de Irigoyen y de la Fuente. D. Francisco había sufrido una experiencia dramática en 1733, al perder a tres de sus hijos en un naufragio en La Habana del barco que traía a España a su familia para reunirse con él, del que se salvó milagrosamente la referida Dª Josefa María de Arizcun.

    Al morir el 1º Marqués de Iturbieta el 13 de octubred de 1741, unos meses después de obtenida la gracia real, su pariente Garro fue quien le sucedió en la dirección de su importante casa comercio, de la cual era ya consejero desde 1726, lo que sin duda debió favorecer su inmediato casamiento con la sobrina mayor y rica heredera de parte de su fortuna.

    Existían más de veinte años de diferencia entre los contrayentes y este hecho no fue óbice para su celebración, mostrando a todas luces su conveniencia. Ella aportaba 10.000 pesos de a quince reales de vellón como dote, por cada uno de sus progenitores, más joyas y un legado de 22.000 pesos de quince reales, hecho por el tío Marqués.

    Durante la posesión de Arizcun la finca sufrió un nuevo censo impuesto ante D. Lorenzo Herreros el 14 de abril de 1780, a favor del Convento y Religiosos de Jesús María y José de Valverde de la Orden de Predicadores, en Fuencarral, el cual ascendía a 40.000 reales de vellón. Además fue mencionada en las Relaciones de Tomás López y en las del Cardenal Lorenzana, ambas de 1786, como una de las dos quintas o florestas de importancia en Canillejas, siendo la otra la Piovera.

    Muy poco después debió fallecer Dª Josefa María, siendo la heredad, con su Casa Palacio y hortalizas, pinturas, cabalgaduras, sillerías, mesas y aperos de labranza, adjudicada a su viudo D. Luis Manuel de Quiñones, por cuyo apellido ya se conocía a aquélla desde hacia una década, diligencia, registro y división de bienes, que se efectuaron en 1789 ante D. Juan de Villa Olier.

    De Quiñones pasó a su hijastro D. Pedro Regalado de Garro y Arizcun, para pago de su haber, quien a la sazón ostentaba el cargo de ministro del Tribunal de la Contaduría Mayor de Cuentas, por encima de su propio hermano D. Nicolás Ambrosio, Marqués consorte de las Hormazas, que después fue Ministro de Hacienda.

    D. Pedro descuidó una posesión que no usaba para su recreo, por lo que progresivamente fue cayendo en una abandono total, con sus edificios sin reparar, lamentable situación que acrecentó la Guerra de la Independencia. Había quedado en el olvido la época de su esplendor bajo el dominio de los Condes de Aguilar, cuando fue elegida por un archiduque pretendiente a rey como residencia temporal, próxima a Madrid, e incluso tras su renovación con la Duquesa viuda de Osuna. Sin embargo, todavía pudo encontrarse a un ilustre y poderoso personaje dispuesto a intentar recuperarlo, D. Fernando de Aguilera y Contreras, 15º Marqués de Cerralbo, Almarza y Flores Dávila, Conde de Alcudia, Casasola del Campo, Villalobos, Alba de Yeltes, de la Oliva de Gaytán, de Foncalada y de Fuenrrubia, Grande de España de 1ª Clase, Exento del Real Cuerpo de Guardias de Corps y Coronel de Cabellería, Embajador de España en Sajonia, Presidente del Consejo de Órdenes Militares, Caballerizo y luego ballestero Mayor de Isabel II, a quien Garro se la vendió el 22 de junio de 1818, ante D. Claudio Sanz y por un precio irrisorio, 248.000 reales de vellón.


    Un nuevo renacimiento. La Quinta de Canillejas entre las cuartro privadas más excelentes de los alrededores de Madrid.

    Un de las aportaciones de Cerralbo a la Quinta, la cual mantendría largo tiempo el nombre de Garro, fue el desahogo de su entorno, mediante la adquisición de una tierra de pan llevar inmediata, de 253 fanegas (86.60 ha), perteneciente hasta entonces a la comunidad religiosa de Santo Domingo el Real de Madrid. La fecha de la transmisión fue el 25 de octubre de 1818 ante el escribano D. Juan Antonio de Mata, para poner en los registros de D. Jacinto Gaona y Loeches, y el precio se fijó en 250.600 reales de vellón.

    No obstante, a pesar de esa pronta intervención, poco más debió hacer este Marqués por su finca recreativa de Canillejas, pues menos de siete años después, el 11 de abril de 1825, se desharía de ella y demás propiedades rústicas y urbanas en el término en beneficio de otro aristócrata, de si no más ilustre nobleza, sí más antigua, D. Pedro Álvarez de Toledo Palafox, 17 º Duque de Medina Sidonia, 11º de Fernandina, 13 º Marqués de Villafranca del Bierzo, Villanueva de Valdueza, Los Vélez, Molina Montalbo y Bibona, Martorel, 24 º Conde de Niebla y Peña Ramiro, Príncipe y Barón de otros muchos lugares, casi interminables.

    Valuada la finca en 340.000 reales de vellón, lo que demuestra las pocas mejoras introducidas, en ella quedaba incluida el Palacio, huerta, con su cerca de fábrica, que delimitaba la repetida superficie de 41 fanegas de 400 estadales cada una, palomares, estanques, arquillas de registro, lavadero, corralón, aguas, árboles frutales y de otras especies.

    Sobrevinieron entonces largos años bajo el control de una misma familia de elevada situación socio-económica, que permitirían su recuperación,siendo marco inigualable de los primeros años del matrimonio del Duque con Dª Joaquina de Silva Téllez-Girón, hija de los Marqueses de Santa Cruz. La Quinta seguía siendo de las más antiguas de los alrededores,pero su fama había quedado eclipsada por la cercana de sus parientes, los Duques de Osuna, la citada de El Capricho de la Alameda. Escenario de las más innovadoras modas arquitectónicas y paisajísticas, y de los últimos adelantos científicos, la Alameda de Osuna fue un espejo para todas las fincas suburbanas de recreo de la primera mitad del siglo XIX, preferentemente nobiliarias y burguesas y sitas en los alrededores de la Corte. Con ella triunfó el jardín al modo inglés, aun cuando se conservó en la zona próxima a la casa principal el racionalista parterre, y todos los divertimentos que la adornaban, rías, templetes, abejeros, casas rústicas, ermitas, grutas, etc. A partir de aquel periodo, algunos de estos elementos embellecerían también la Quinta de Garro o de Aguilar.

    Con los Medina Sidonia volvió a tener cierto nombre, como lo reflejan los términos con los que escuétamente a ella se refirió Madoz, diciendo que la casa del Marqués de Villafranca se hallaba a las afueras de Canillejas y estaba " compuesta de dos pisos y bastante comodidad interior", dentro de una " posesión estensa y poblada de árboles frutales y plantas de diferentes especies, con 2 fuentes, que en cada una hay su correspondiente estanque".

    Es lástima que aquí el ilustre político y escritor, o sus colaboradores, no detalle con más prolijidad esta singular Quinta, tal y como hizo con otras, especialmente de los Carabancheles, pues su descripción hubiera sido, al igual que en la de estos sitios, documento inestimable para su conocimiento. Y no fue por su posible carácter menor, ya que a la Casa se la seguía conociendo como Palacio y los planos y otras descripciones escritas no muy posteriores demuestran que podía competir sin complejos con muchas de las notables de los alrededores de Madrid, incluidos los dichos Carabancheles, tanto en extensión, como en belleza de edificaciones y vegetación.

    Se sabe, no obstante, que desde 1830 la finca fue poco utilizada por su propietario, pues en esta fecha fue nombrado embajador en Nápoles, y tres años después, a la muerte de Fernando VII, se vio obligado a permanecer en Europa, al alinearse con el infante D. Carlos, aun cuando la Duquesa quedara en España. Además, sus bienes fueron confiscados en 1837, viviendo momentos de cierta precariedad, y no le fueron devueltos hasta diez años más tarde, cuando pudo regresar a su patria, asentándose al principio en Andalucía.

    El levantamiento del embargo fue aprovechado por su hijo y sucesor D. José Álvarez de Toledo y Silva, luego 18º Duque de Medina Sidonia, 12º de Fernandina, 14º de Villafranca y Los Vélez, etc, Caballero de Calatrava, del Toisón de Oro y de Carlos III, Senador del Reino (1826-1900), porque pudo vender la finca recreativa y la posesión inmediata de 253 fanegas, la adquirida por Cerralbo, a otro Grande de España, D. Manuel de Acuña y Dewitte, 10º Marqués de Bedmar, 8º de Escalona y Casafuerte, 9º de Prado y 8º de Villanueva de las Torres, 11º Conde de Óbidos y 9º de Granedo, también Senador del Reino.La escritura se formalizó el 27 de noviembre de 1850 ante el notario D. José Jiménez Moreno, fijándose como precio de venta 240.000 reales de vellón.

    Con el Marqués de Bedmar, la Quinta de Canillejas recuperó decididamente su otrora brillo, siendo reconocida socialmente como una de las más hermosas de las inmediaciones de la Corte, quedando memoria impresa de esta circunstancia en las crónicas de la segunda mitad del siglo XIX, e incluso en la literatura.

    Aparte de la mención de Cayetano Rosell de 1865, que claramente copia de Madoz pues desconoce el cambio de propiedad por Villafranca, el escritor Benito Pérez Galdós mencionaba la Posesión de Bedmar, junto con las de Vista Alegre, Montijo y la Alameda de Osuna, como una de las cuatro más célebres en las proximidadaes de Madrid, nacidas del "capital abundante y la paciencia". Realmente, el que tan riguroso e ilustre novelista la incluya en este listado, todas fincas de reconocido prestigio, explica con suficiencia su categoría y su fama.

    Bedmar pertenecía a una familia nobilísima, ilustrada y liberal, ampliamente conocedora de la situación política europea, pues no en vano su predecesor y padre, el marqués D. Manuel Lorenzo de Acuña y Fernández de Miranda, había apoyado abiertamente al rey intruso José Bonaparte, de quien fue gentilhombre y por quien, en agradecimiento, fue recompensado con la creada Orden de España. Sus ideas afrancesadas le obligaron a refugiarse en el país vecino, siguiendo al derrocado monarca, y allí permanecer hasta 1820, cuando se le permitió regresar al triunfar el gobierno liberal. En Madrid y en su palacio de la calle del Pez nació póstumamente su heredero D. Manuel Antonio, el 22 de mayo de 1821, aunque no mucho después la familia fijaría su residencia en París, posiblemente propiciada por los acontecimientos políticos reaccionarios.

    Con formación, por tanto, más francesa que española, en aquella capital, y el 19 de noviembre de 1842, contrajo matrimonio el Marqués de Bedmar con la elegante dama griega Lucía Palladi Callimachi, viuda del príncipe rumano de Cantacuzeno Péscaro y famosa ninfa del escritor Juan Valera, a quien llamaba "La Muerta" por la palidez de su rostro y consideraba la persona que, en sus propias palabras, "más he querido en el mundo".

    Fruto del enlace de los Bedmar fue un único hijo, Rodrigo de Acuña, que fallecería con apenas veinte años, en 1863. Sin embargo, la unión no debió ser feliz, ni tan siquiera duradera, como lo demuestra el que la Marquesa tuviera fijada su residencia entre Nápoles y Jassy, capital de Moldavia, ya en 1847, mientras el Marqués pasaba la mayor parte de su tiempo en París, alternándolo con largas estancias en Madrid. En las desavenencias pesaría el temperamento de D. Manuel, a juicio de Galdós, "rico ,ocioso, ocurrente, asiduo a los casinos y teatros", y su rumoreada íntima relación con Isabel II a partir de finales de 1847 y hasta 1849, aproximadamente, supuestamente propiciada por su calidad de gentilhombre y continua asistencia a Palacio, donde vino a sustituir como favorito real al general Serrano.

    Durante esa época, el Marqués de Bedmar habría de formar parte de ese reducto aristocrátic, noble y burgués, que se mantuvo en España receptivo a las modas y hábitos venidos de fuera, bien por sus frecuentes viajes, bien por sus numerosas amistades o contactos, pues no en vano procedía de una sociedad renovada, surgida de las guerras napoleónicas, que había sacudido la estructura del viejo continente.

    Es lógico, por tanto, que Bedmar precisara de un adecuado foco social donde prodigarse y relacionarse, un palacio y jardines, en suma, donde descansar y deleitarse, así como festejar cualquier acontecimiento que lo precisara, durante la primavera y el estío. La Quinta de Canillejas reunía todas estas condiciones y así se explicaría su adquisición, al poco de su privanza con la Reina, dedicándose inmediatamente a su restauración. No obstante, el alejamiento de Isabel II debió propiciar su regreso a París, donde se hallaba en 1851, cuando se convirtió en amante de la célebre bailarina italiana Francesca - Fanny - Cerrito, una de las primeras mujeres coreógrafas, que contaba entre sus fieles admiradores a la propia reina Victoria de Inglaterra, y en 1853, firmando como testigo en la boda del emperador Napoleón III con Eugenia de Montijo, con la que mantenía estrecha amistad.

    Este último año, el 9 de julio de 1853, el Marqués imponía un censo sobre la Casa Quinta Palacio y huerta de 24.000 reales al 5% anual, a favor del mayorazgo de Escalona y Casafuerte, fundado por D. Juan de Acuña. En la escritura, protocolizada ante D. José Jiménez Moreno y Llamas, se expresaba que se hallaba en el Camino de la ciudad de Alcalá de Henares, inmediata a la villa de Canillejas, y constaba de cerca, palomares, arquillas de registro, lavadero, corralón, aguas estantes y manantes, el derecho al goce de éstas, árboles y cuanto se contuviera dentro de ella, con las 41 fanegas que comprendía, "de la medida de 400 estadales". También gravaba las 253 fanegas de tierra de pan llevar en el término redondo llamado de la Encinilla y cercanas a la Quinta, las cuales eran resultado de la agregación de diferentes propiedades. Todo este patrimonio volvería a ser hipotecado a favor del patronato fundado por los Condes de Villapaterna, D. Antonio de Pando y Bringas y Dª María Petronila Ortiz de Zárate.

    A partir de 1858 vuelven a hallarse noticias que sitúan al Marqués con mayor asiduidad en la Corte, acompañadas del engrandecimiento de sus bienes en Canillejas con tierras colindantes, como las 7 fanegas (2,43 ha) que compró en el sitio de la Virgen, con su tejar, casita para guardar herramientas, dos pozos y un horno, el 29 de noviembre de ese año por 3.250 pts. A ésta siguió otra, el 29 de marzo de 1860, de 3 fanegas, 4 celemines y 14 estadales (1,16 ha), también con su tejar, tinado y dos pozos, y después hasta más de 40 posesiones distintas, que pertenecían mayoritariamente a vecinos de la villa, como una de las familias más importantes de ella, los Escobar.

    El 24 de febrero de 1860 fallecía la ultrajada Marquesa de Bedmar en su refugio de Nápoles y al año siguiente, el 5 de abril de 1861, el viudo vividor decidía contraer segundas nupcias en Madrid, con la bella española, Dª Carolina Juana de Montufar y García-Infante, hija del 3 º Marqués de Selva Alegre y viuda de D. Santiago Diego Wall y Alfonso de Sousa, Conde de Armíldez de Toledo.

    La pareja se instalaría en el ya desaparecido palacio de Bedmar de la Ronda de Recoletos (Génova) c/v Zurbano, que había venido a sustituir al antiguo de la calle del Pez, al que adornaron y amueblaron con exquisitez, gusto del que también se vió afectada la Casa Palacio de Canillejas.

    Se conocen por inventarios la organización de la villa suburbana y sus enseres, como uno de 1885, en los que s mencionaba la entrada al vestíbulo, con dos jardineras de bambú, dos bancos y una mesa de madera tallada y nueve jarrones de porcelana, y la escalera principal, con " dos columnas con sus lámparas" y cuatro jardineras. El ámbito más público estaba constituido por el saloncito, con sofá, silla, cuatro mesas, dos chineros, y un reloj, el comedor, con su mesa, dos aparadores y doce sillas de nogal, éstas "muy usadas" en 1885, lo que demuestra la gran actividad social, y sobre todo el gran salón, con dos sofás grandes y cuatro pequeños, dos muebles imitando broce, varias cómodas de diversos tipos, ocho sillones y cuatro sillas de tapicería, una araña, un piano, tres alfombras, un espejo y varios elementos de gusto oriental, como " dos negros de madera", un biombo o las diez sillas de paja.

    Más privados eran: la antecapilla, adornada con tres columnas de madera con sus jarrones de porcelana y dos sillas talladas, la capilla, con su altar, varias reliquias y un cuadro al óleo presidiéndola, la biblioteca, con sus armarios, mesasm vitrinas de estampas y araña "de imitación de bronce" en el techo, y el saloncito verde o despacho, con su "mesa de escribir", sillones, mesa de juego de madera tallada y otra pequeña de palo santo.

    Ya estrictamente estancias familiares eran: el cuarto de dormir de "estilo persa", con su cama con colgadura,cómoda y sofá, el de vestir, del mismo carácter, con su armario de luna, mesa para lavabo, "con su juego de cofainas y jarros", sillas, sofás, reloj y candelabros y un sinfín de alcobas y gabinetes, adecuadamente amueblados.

    El número de huecos al exterior o patio indica la importancia y tamaño de cada habitación, destacando los tres balcones de salón, dos en el saloncito y en el despacho uno en el resto, aunque los cuartos numerados con el 6, éste "compuesto de tres cuartitos", es decir, salón, dormitorios y vestidor, y el 7 contaban con ventanas, tal vez por hallarse en otro nivel o sector palacial.

    La zona de servicio estaba configurada por catorce alcobas para criados, con su cama, lavabo, armario y silla, el comedor para éstos, la cocina y la repostería, todo, evidentemente, de menor valor.

    Es más que probable que las renovaciones interiores del palacio de Bedmar se vieran acompañadas por estas fechas con una remodelación del exterior, dándole al adusto caserón una apariencia supuestamente más altiva y elegante. Y es que al igual que otros palacetes aristocráticos contemporáneos, en el de Aguilar o Bedmar se quiso modificar su imagen, en este caso asumiendo los motivos del estilo llamado Segundo Imperio o neobarroco francés, muy acorde a la cultura del promotor. Así lo demostraría la frágil torrecilla central del frente principal, retranqueado éste con respecto a aquélla, la cual asoma entre la arboleda, por delante del viejo y fuerte torreón renacentista, con un gran reloj circular, propio de arquitecturas representativas, y su cubierta amansardada.

    Del último tercio del siglo XIX son el Noménclator de España y provincia de Madrid (1865), en el cual se indica que la Quinta, aún denominada de Garro, contaba con cuatro casas de dos pisos y una de tres y las Hojas Kilométricas del Instituto Goegráfico Nacional, que la representan con cierto detalle.

    En ellas se observa el palacio de planta cuadrangular, alrededor del antiguo patio, desplazado ahora del centro por el ensanche, en fecha indeterminada de las alas levante y sur, hecho que habría acabado por absorber la torre angular, la supuesta galería e incluso la escalinta exterior. Adosado al Norte se encontraba un amplísimo corral rectangular, delimitado por construcciones auxiliares, mientras que al mediodía se desarrollaba el jardín pintoresco de nuevo trazado, de caminos sinuosos y surcando praderas que enlazaban glorietas para fuetnes, árboles, esculturas, etc. Aquí se aprovecha el talud natural, de notable pendiente, que descendía desde la residencia hasta el arroyo, evitando los planos escalonados, a excepción, quizás, de la explanada creada alrededor del frente Sur del edificio, donde se levantaba en tiempos un jardín formal, ya desaparecido. Rodeaban a éste un boquete bien poblado, el viñedo, en el ángulo Noreste, y las huertas, separadas físicamente éstas del resto de la Posesión por el citado arroyo de la Quinta, precisando cuatro puentes para atravesarlo, uno en el mismo eje o paseo arbolado que nacía en la ya asumida entrada principal, desde la Carretera de Aragón.

    Otras construcciones auxiliares identificables en los planos son los dos invernaderos, el lavadero, tres norias, una de ellas " antigua" y situada en la esquina Noroeste, tres estanques en diversos puntos y varias fuentes y casillas de dos pisos.

    No es de extrañar, por tanto, que en pleno fulgor de la Posesión, el Marqués de Bedmar la eligiera como incomparable marco para el matrimonio de su única hija viva, ilegítima pero reconocida, Dª Manuela Matilde de Acuña, habida de sus amores con la referida bailarina Fanny Cerrito, el cual fue celebrado en el otoño de 1872, el dái 21 de octubre. El escogido fue el caballero francés, Mr, Theodore- Charles- René Le Motheux, hijo de una dama de la Emperatriz Eugenia de Montijo, Adelaida Bourbaky, y sobrino del célebre general Carlos Dionisio Bourbaky, ayudante de campo de Napoleon III, con quien compartía naturaleza, ya que la novia había nacido en París el 21 de enero de 1854, aún en vida de la primera mujer de Bedmar. A la pareja les cedería el padre, para sí y su descendencía, aunque por razones desconocidas no debió ser efectivo, el marquesado de Prado.

    En cualquier caso, esa espléndida fiesta habría que inscribirla en la sucesión de inolvidables veladas a las que los Marqueses de Bedmar acostumbrarían a la alta sociedad española, tanto en su Quinta de los alrededores de Madrid, como en su palacete de la Ronda o, incluso, on su hotelito de la "Rive Gauche" de París, en las que eran asiduos el Marqués de Alcañices, los Duques de Alba, la emperatriz Eugenia,etc. Precisamente, en los salones de la segunda residencia madrileña se fraguarían en gran medida la Restauración borbónica en la persona de D. Alfonso XII, de la que el matrimonio Bedmar era firme partidario, siendo Dª Carolina una de la participantes en la llamada " Rebelión de las Mantillas", junto a su amiga e inspiradora de la misma Dª Sofía Troubetzkoi, Duquesa de Sesto y Marquesa de Alcañices.

    Tras el regreso a España del Príncipe de Asturias como rey Alfonso XII, D. Manuel Antonio de Acuña obtuvo un completo reconocimiento personal, siendo nombrado embajador en Rusia, Senador del Reino, Consejero de Estado y Presidente de Gracia y Justicia, el cual se mantuvo hasta su fallecimiento en su hotel madrileño el 16 de mayo de 1883, no mucho antes que el del Monarca a quien tan dignamente había servido.

    El año anterior, el 10 de abril de 1882, había otorgado testamento ante D. Mariano García Sancha, en el cual nombraba como heredera a su esposa, obviando a su hija iliegítima, y albaceas a aquélla y al consejero de Estado y abogado D. Antonio Maria Fabié y Escudero. No obstante, Dª Carolina Montufar tan sólo podría recibir los bienes que tuvieran la consideración de libres, pues lo vinculados debían recaer en su sobrino D. Ernesto Bruno Fernández de Heredia y Acuña, 10º Marqués de Villanueva de las Torres y 11º de Bedmar y del Prado, como una deferencia del testador, por haber entrado a su disfrute en 1824, antes de la promulgación de las leyes desvinculadoras.

    En el inventario y adjudicación de bienes, practicado el 15 de junio de 1885 ante José García Sancha, se precisaba claramente lo correspondiente a la Marquesa viuda, como el Palacio de la Ronda de Recoletos nº 9 moderno, esquina a la de Zurbarán, la casa de jornada de la calle del Rey c/v Gobernador y Montesinos de Aranjuez, recientemente demolida y reconstruida en sus fachadas, y las fincas de la administración de Canillejas, radicadas en este término municipal y en los de La Alameda, Barajas, Canillas, Alcobendas, Hortaleza y Vilcálvaro, tasado cada uno de estos tres conjuntos en 400.000, 10.000 y 311.293 ptas, respectivamente.

    En el último se integraba la Casa-Quinta palacio y huerta, con su cerca de fábrica, palomares, estanques, arquillas de registro, lavadero, corralón, aguas, árboles frutales y de otras especies, lindante a todos aires con tierras de la misma pertenencia y cuya superficie se fijaba en "41 fanegas de medida de 400 estadales o 14 hectáreas, 27 áreas, 69 centiáreas y 38 dm2". Su valor alcanzaba las 96.336 ptas, es decir, casi la tercera parte del total del grupo.

    Había además otras fincas reseñables, como la tierra de 253 fanegas (82,99 ha) de pan de llevar en La Encinilla, la que provenía de Cerralbo, y varias de las incorporadas por Bedmar, sumando éstas y aquéllas hasta el número de cuarenta y nueve en distintos sitios de la provincia de Madrid.

    Después de la muerte del marqués D. Manuel de Acuña, Dª Carolina de Montufar se desharía de la hermosa Posesión de Recreo heredada, lugar de nostálgicos recuerdos, hecho que debió ocurrir antes de 1891, año de su fallecimiento en Madrid, el día 24 de abril. Así se explica la ausencia de este bien en su testamento, otorgado ante José García Sancha el 8 de mayo de 1890, y sí en cambio la inscripción en su inventario del hotel de la calle Génova nº 9 o Ronda de Recoletos. Sus albaceas, D. Francisco Caballero del Mazo, Marqués de Torneros, el ex ministro D. Francisco Silvela y D. Mariano Maldonado y Dávalos, Conde de Villagonzalo, harían cumplir fielmente su última voluntad, como su enterramiento en la Capilla de San Juan de la Catedral de Sigüenza o la adjudicación de su patrimonio a su heredera usufructuaria, su hijastra Dª Matilde de Acuña, para que a su muerte recayera en sus dos hijos, habidos en su matrimonio con el ya referido D. Teodoro Le Motheux Bourbaky.

    A partir de este momento la historia de la vieja Quinta de Aguilar se oscurece, aun cuando, incongruentemente, debería ser lo más conocido, por ser lo más reciente.

    En el Plano de Fernando de Cañada de 1900 se la representa esquemáticamente, reconociéndose su localización, a las afueras del núcleo urbano de Canillejas, y sus límites, uno de ellos el "Camino de Chamberí y la Concepción", antiguo de la Quinta, la posición del Palacio, con su gran corral posterior, del arroyo y diversas construcciones auxiliares. Las crónicas y guías turísticas de la época apenas la mencionan, y cuando lo hacen es erróneamente, atribuyendo su propiedad al Marqués de Villafranca, como la Historia de Ortega Rubio, que tan sólo añadía que en ella, como en otras "excelentes posesiones", había árboles frutales, parras y hortalizas.


    Del fulgor a la penumbra.

    ¿Que ha ocurrido entonces con la Posesión de Bedmar desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, como para que su evolución sea tan compleja de rastrear?. Simplemente permanecer en manos privadas, ya no sólo como residencia temporal, sino habitual, de una aristocrática familia, también de rancia estirpe nobiliaria, que la ha preservado con celo del mundo exterior, protegiendo su intimidad sin diferenciar al estudioso del simplemente curioso.

    Ya no corren tiempos en los que la Grandeza, casi generalizadamente, protegía o cuando menos favorecía al científico y erudito, abriendo a su conocimiento sus tesoros artísticos y bibliográficos, quizás porque esta grandesa ya no es aquélla, perdiendo en el devenir su conciencia de clase benefactora de las capas inferiores de la sociedad, con modos casi paternales, por una actitud más vulgar, en la que "ser" ya no es un verbo en sí mismo sino va acompañado de "tener". Fue este aburguesamiento el que contagió a la nobleza del XIX, donde el linaje cedió el puesto al capital, sustituyendo la antigua estructura social por otra más justa e igualitaria, supuestamente más abierta, al menos porque para ascender ya no se precisaba nacer hidalgo, aun cuando la Historia ha demostrado que todo, tanto en esta condición como aquélla, sea relativo.

    Se fueron los mecenazgos nobiliarios, aunque se mantienen honrosas excepciones, y hoy todo bien se oculta, se oscurece, por temor a expropiaciones, confiscaciones,principalmente públicas, o a que alguien desvele ancestrales secretos. En esto, como en otras manifestaciones culturales, España y gran parte de su aristocracia, noble o no, continúa atrasada con respecto a Europa, donde los palacios y sus coleccions generalizadamente se abren aunque sea previo pago y con la excusa de su mantenimiento, al entusiasmado por el arte y por la ciencia.

    Es cierto que la Quinta se ha visto amenazada por el crecimiento y desarrollo de un Madrid que acabó absorbiendo el término municipal de Canillejas en 1949, rodeando con edificaciones a aquel antaño solitario, a lo que ha contribuido, y no poco, una transitada calle, la de Alcalá, que apenas da respiro a sus tapias. Mantener este paraíso singular, dentro de una gran conurbación, desafiando a estos inconvenientes y sobre todo a la especulación, es realmente harto difícil, prácticamente heroico, por lo cual, el que su actual propiedad haya sido capaz de soportar el envite y conservar intacta la Quinta, es un si digno de alabanza, compensando su hermetismo.

    Se enlaza así en este último párrafo con la primeras palabras que introducían este apartado, pues es la única gran finca del término municipal de Madrid que guarda todavía su doble carácter, particular y residencial, unido a su inestimable antigüedad, al poco de asentarse aquí la Corte.

    Desaparecidas durante la República, la Guerra Civil y los devastadores años sesenta las célebres y notables posesiones particulares de los alrededores de Madrid, Miranda en Carabanchel, la Moncloa, Pastrana e Infantado en Chamartín, y profundamente trasformadas Campo Alange, Yumurí y Vista Alegre, también en los Carabancheles, o la Fuente del Berro, apenas si queda, aparte de El Capricho en la Alameda de Osuna, más que Bedmar.

    Hoy ya no se le conoce a la Quinta con este nombre, sino por el título nobiliario de sus posteriores propietarios, los condes de Torres-Arias, marqueses de la Torre de Esteban Hambrán y Santa Marta, Grandes de España de 1ª Clase.

    Se ignora en que momento recayó en la Casa, pero es probable que fuera por compra de D. Alfonso Pérez de Guzmán el Bueno y Gordón, 6º Conde de Torre-Arias, Marqués de Santa Marta, Grande de España desde 1910, Gentilhombre de Cámara de S.M. casado con Dª María de los Dolores de Salabert y Arteaga, 9ª Marquesa de la Torre de Esteban Hambrán, Dama noble de la Reina Mª Luisa. De D. Alfonso pasaría a su vástago y sucesor del mismo nombre, nacido el 3 de junio de 1890, también Gentilhombre de Cámara de S.M. con ejercicio y servidumbre.

    Se conoce la planta de la finca en los años cincuenta, al poco de asumir la jurisdicción del término de Canillejas el Ayuntamiento de Madrid, conservando en gran medida su imagen de la centuria anterior.

    Se observa así el Palacio de dos alturas, en el que sobresalían el torreón posiblemente originario del siglo XVI y la liviana torrecilla francesa, situada ésta en el centro de su fachada Sur y abierta a una terraza elevada sobre el terreno. En el interior del volumen destaca el patio cuadrado, con una fuente y estanque de similar geometría, y en la parte posterior el corral trapezoidal, completamente rodeado por edificaciones auxiliares de uno o dos niveles y con un pilón semicircular.

    En donde se encontraba la noria antigua, al Noroeste, había un corral cercado, con diversas naves y junto a él una puerta ya existente en los tiempos del Marqués de Bedmar, pero ahora realzada como origen de diversos paseos a distintos puntos de la Posesión, siendo el principal el del Palacio. No obstante, a pesar del carácter privado de esta entrada por el Camino de la Quinta, la más representativa seguía siendo la de la Carretera de Madrid a Francia por La Junquera, antes de Alcalá, retranqueada con respecto a ésta, formando una exedra.

    Se trata de un bello conjunto arquitectónico de líneas neoclásicas, que tal vez ha podido ser trasladado aquí desde otra posesión familiar o adquirido, pues no figura en los planos del Instituto Geográfico Nacional, el cual está constituido por una verja central de hierro entre machones, adornados éstos con columnas pareadas de orden dórico, acanaladas, con su basamento y entablamento y piñas de remate, y a cada lado un arco de medio punto sobre pilastras, para paso de peatones. Desde la portada arrancaba un camino recto, enfrentado al alzado meridional del Palacio hasta atravesar el Arroyo, para una vez aquí desdoblarse con paseos curvos que abrazan a aquél.

    Se mantenían los dos antiguos invernaderos junto al barranco, a los que se suma otro más, muy próximo al lavadero, la noria nueva o depósito de agua en lo alto del terreno, tres de los cuatro estanques antiguos, el más bello junto a la casa. Aparte de las antiguas casillas auxiliares aparecían un sinfín de nuevas de destino incierto, pero sin duda asociadas a las labores agropecuarias, destacando a la de la portería, junto a la entrada principal o la emplazada en el ángulo Noreste, ambas de cáracter rústico y ya existentes en la planimetría del XIX, pudiendo datarse en su segundo tercio.Muchos de los paseos del jardín conservaban su trazado sinuoso, abiertos entre el profundo arbolado, mientras que no había indicios de la huerta y el viñedo.

    Medio siglo después, al comparar la planta de la finca Torre-Arias con la que representa el parcelario reciente, se comprueba el mantenimiento de su viejo Palacio y de las casas anejas auxiliares, incluso con su corralón, sin variación. Sin embargo anotar, que la imagen de aquél, la que desde la lejanía en determinadas épocas y posiciones se alcanza ver, escondida, como se haya, en un aparentemente denso bosque, es fruto, como se ha supuesto, de la trasformación y remodelación que sufriría en la segunda mitad del siglo XIX, coincidente con el triunfo eclecticista y en el que se mezclan elementos de diversos estilos.

    Próxima al Palacio hoy se halla una nueva casa, que por su ubicación, forma y dimensión, bien pudiera ser la nueva residencia de los propietarios, por no hallarse ya la principal habitada, carente de las comodidades de la época actual. Por otra parte, el resto de elementos, que en la cartografía antigua se distribuían por la huerta y el jardín, no se representan, posiblemente por hallarse semiperdidos, como algunso de los estanques, fuentes, casillas e incluso pozos.

    A pesar de todo, y para finalizar, hay que insistir en las dificultades que hoy se le presentan a un particular para mantener un oasis así en un entorno amenazante y agresivo, dominado por la especulación inmobiliaria que afecta a esta zona, bien comunicada y en proceso de renovación. Mantener incólume una heredad como ésta, la "alhaja que fuera de Aguilar", es casi una proeza, para los tiempos que discurren en Madrid.







    Quintas de recreo.
    Las casas de campo de la aristocracia alrededor de Madrid.

    Libro primero
    Canillejas y Chamartín de la Rosa

    Autor: Miguel Lasso de la Vega Zamora.
    Madrid.Ayuntamiento de Madrid,DL 2006.

    Plano de Madrid. Mapa Topográfico Nacional,1875. Instituto Geográfico Nacional.
    » http://img168.imageshack.us/img168/7528/hu8.jpg

    Restitución de la Quinta de Aguilar y sus aledaños hacia 1850. Dibujo del autor.
    » http://img521.imageshack.us/img521/5750/hu4.jpg

    La finca en las Hojas Kilométricas de Canillejas, 3-C,1861. Instituto Geográfico Nacional.
    » http://img38.imageshack.us/img38/7318/hu6p.jpg

    Plano de la parcela en 1867,Adolfo del Yerro. Cédula Catastral nº132, Insituto Geográfico Nacional.
    » http://img684.imageshack.us/img684/5329/hu1.jpg

    La finca de Torre Arias en el Parcelario Urbano de Madrid, hoja 41, 1955.
    » http://img52.imageshack.us/img52/7185/21335350.jpg

    La finca de Torre Arias en el parcelario actual. Plano cedido por la propiedad.
    » http://img17.imageshack.us/img17/1771/43970113.jpg

    Vista de la posesión en los años 60 del siglo XX. Foto: Paisajes Españoles.
    » http://img684.imageshack.us/img684/397/hu2.jpg

    Dos detalles de la tapia de cerramiento. Fotografía del autor.
    » http://img684.imageshack.us/img684/9984/hu77.jpg

    » http://img38.imageshack.us/img38/1198/hu7g.jpg

    Vista actual del palacio entre la arboleda. Fotografía de Alberto Tellería.
    » http://img691.imageshack.us/img691/3660/hu55.jpg

    Vista actual de la Quinta por occidente. Fotografía del autor.
    » http://img685.imageshack.us/img685/1221/hu5v.jpg

    El paseo principal de la finca. Fotografía del autor.
    » http://img218.imageshack.us/img218/3841/hu3.jpg

    Construcciones auxiliares de la Quinta. Fotografía del autor.
    » http://img202.imageshack.us/img202/4291/q44.jpg

    » http://img38.imageshack.us/img38/9899/73750994.jpg

    Vista actual de la Quinta por el Norte.Fotografía del autor.
    » http://img38.imageshack.us/img38/3354/q33h.jpg

    Vista actual de la portada de acceso a la Quinta.
    » http://img508.imageshack.us/img508/8603/68418901.jpg

  4. #14 (351673)

    Predeterminado

    El título del hilo es ligeramente incorrecto, puesto que Dª Tatiana es Condesa de Torre Arias y Marquesa de Santa Marta. No sé si tendrá otros títulos, pero esos dos seguro, pues los heredó de su padre, D. Alfonso, a quien conocí personalmente cuando yo era un niño y él un anciano. Mi abuelo era sastre suyo y, cuando mi abuelo falleció, mi abuela que era modista siguió haciéndole algunas prendas y le recuerdo en alguna ocasión probándose en casa de ella.

    La finca de Canillejas no era meramente recreativa, era una granja en las afueras de la ciudad donde tenían animales y cultivos y que surtía, entre otras cosas de leche, a la vivienda de la familia, en la calle Martínez Campos esquina a Fernández de la Hoz. Las dos esquinas del lado norte de ese cruce son suyas, siendo la noroeste la vivienda de la familia, y el edificio de la noreste en todo el tiempo que yo la he conocido ha estado casi todo alquilado al Ministerio de Justicia y era una de las salas de Magistratura del Trabajo. Digo casi todo porque también en ese edificio hay un local que está ocupado por una famosa (en Madrid) tienda de alfombras: Los Fernández.

  5. #15 (351739)

    Predeterminado

    Muchas gracias por la extensísima información Juanjo. Si algo queda claro es el impresionante hermetismo y secretismo en torno a la quinta

  6. #16 (351830)

    Predeterminado

    Lo que parece increíble es que haya llegado hasta hoy tal cual, sabiendo la de veces que han metido la piqueta en palacetes que nunca debían haber desaparecido, y que no sucumbiera a la presión urbanística de la zona en los años 60, 70 o a la de hoy.

  7. #17 (353128)

    Predeterminado

    JUANJO: si te cito, se colapsa internet de aquí a la China mandarina.

    Que es broma: gracias por la información y fotos.

  8. #18 (353317)

    Predeterminado

    Por fin, unas imagenes, aunque todavia no puedo hacerme una idea concreta de la fachada. Gusta la torre y su reloj.

  9. #19 (367783)

    Predeterminado

    Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno es también Marquesa de Torre de Estéban Hambrán.
    La finca y el cortijo en el que actualmente está instalado el hotel Fontecruz Palacio de Arenales (Cáceres) también eran de su propiedad. El cortijo estuvo muchos años en estado de abandono, lo cual permitió que una numerosa colonia de cigüeñas tuvieran sus nidos en sus tejados y alrededores.

  10. #20 (443591)

    Predeterminado

    Cita Empezado por Bonwit's Ver Mensaje
    Por fin, unas imagenes, aunque todavia no puedo hacerme una idea concreta de la fachada. Gusta la torre y su reloj.
    Aqui se intuye..

    » http://img193.imageshack.us/img193/3922/finca.png

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