Parque Ibirapuera y edificios que lo pueblan.
Conjunto de varios edificios y paisajismo,
obra de dos mounstruos de la arquitectura
latinoamericana : Niemeyer y Lucio Costa
Lo primero que puede decirse es que el auditorio de Ibirapuera conserva la planta y la sección de la propuesta inicial, aunque el triángulo se asienta sobre el suelo en vez de elevarse por encima de él. Ejecutado en hormigón con pintura impermeabilizante, es de un blanco deslumbrante, al que ponen
un contrapunto rojo intenso la marquesina metálica de la entrada, que se proyecta hacia el exterior como una llamarada, y el gran portón trasero, que con 20 metros de anchura abre el escenario al exterior para conciertos al aire libre y deja a la vista una sala más ancha que profunda, revestida de madera. En una planta bajo rasante se encuentran el bar, las oficinas, los camerinos, una escuela de música y la sede del Instituto Música para Todos, encargado de gestionar la escuela y el auditorio.

Con todo, el Niemeyer de siempre, el más exuberante, campa a sus anchas en el foyer; si él ha trazado la espiral cadenciosa de acceso al patio de butacas, la artista brasileña de origen japonés Tomie Othake ha invadido partes del techo y las paredes con una gigantesca lengua de fuego. Las curvas de uno y otra se encuentran como si se conocieran de siempre, en una simbiosis tan afortunada como la que se produjo entre la arquitectura de Carlos Raúl Villanueva y la escultura de Alexander Calder en el aula magna de la Universidad Central de Venezuela, en Caracas.

Para analizar este interesantísimo edificio hay que comprender que Oscar Niemeyer, centernario y talentosísimo arquitecto autor del proyecto, siempre se ha valido de las formas curvas por que -segun ha reconocido- han sido fuente de inspiración, tanto por el paisaje ondulado del país, como por los cuerpos voluptuosos.....de la mujer de Brasil, en segundo término de la propia geografía del país. No obstante podemos considerar este auditorio como uno de las obras mas racionalistas de Niemeyer. Ya que el edificio en sí es un prisma de sección triangular bastante clásico.
A comienzos de la década de 1950, São Paulo, que sobrepasaba ya en músculo económico y en número de habitantes
a la entonces capital, Río de Janeiro, se disponía a celebrar el cuarto centenario de su fundación. Y decidió que la ciudad tendría un parque recreativo, cultural y de exposiciones, cuyo diseño arquitectónico se encomendó a Óscar Niemeyer. Éste, entonces con 45 años
y ya una figura reconocida por obras como la iglesia, el casino, el club náutico y la casa de baile de Pampulha, presentó una serie de piezas para el parque en 1951. Lo que se construyó en 1954 difería bastante de la propuesta original: las áreas verdes, para las que también hubo un proyecto de Roberto Burle Marx, acabaron realizándose según las directrices del ingeniero agrónomo Otávio Augusto Teixeira Mendes; y respecto a la arquitectura, el espíritu general de la idea de Niemeyer se mantuvo gracias a una marquesina sinuosa que vincula entre sí los distintos edificios, aunque éstos sufrieron considerables modificaciones. Hubo algunos que se simplificaron -como la actual sede de la Bienal de São Paulo, entonces Pabellón de las Industrias- y otros que se eliminaron, entre los cuales el auditorio -donde estaba previsto contar con dos gigantescos murales de Le Corbusier.
La pérdida del auditorio, un trapecio en planta y un triángulo en sección, fue especialmente dolorosa, ya que junto con la cáscara de hormigón del planetario, y la plaza cívica entre ambos se creaba un diálogo de formas nítidas que funcionaba como puerta de acceso al parque. Y una prueba palpable de la importancia que para el arquitecto carioca tenía completar ese recinto de entrada es que llegó a realizar, entre 1989 y 2002, un total de diez versiones distintas del auditorio, a las que se suman para llegar hasta doce, las proyectadas en los años 1951 y 1954.
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