Estas navidades hubo turrón y circo.
Tenía muchas ganas de ver el nuevo circo estable de Madrid y la verdad, me llevé un chasco de los gordos.
Se puede decir que lo mejor del proyecto, la crujía de la fachada, es lo que se ha conservado de la antigua fábrica de galletas PACISA.

Se puede establecer la comparación con la ocupación de otro edificio cercano del Madrid industrial de principios del XX: la antigua Central Eléctrica del Mediodía, actual Caixaforum-Madrid. Las comparaciones son odiosas, pero viendo lo que se ha hecho en cada uno de los proyectos se puede llegar a la conclusión de que a veces, sí que merece la pena recurrir a arquitectos estrella para no estrellarse. Porque no es lo mismo Mariano Bayón que Herzog & de Meuron.


Tiene un punto ochentero, recuerda al Oiza en su no tan brillante etapa final o a los epígonos patrios de Venturi o de Michael Graves.
Aparte de apreciaciones y desprecios estéticos completamente subjetivos y muy discutibles, hay cosas impresentables desde cualquier punto de vista, como los aseos de la entrada. Aseos que dan servicio tanto a la cafetería como a la zona de recepción y en donde sólo hay un único sanitario para cada uno de los sexos y eso, en un sitio con gran afluencia de niños, es un disparate. Lo mejor de la tarde, las maldiciones que lanzaba una madre cabreada destinadas al arquitecto que había hecho semejante despropósito. Muy bien, señora.
Uno de los posibles errores del proyecto es la falta de diálogo entre el circo y los casas de viviendas que lo rodean. Esta sensación autista también se puede aplicar a cómo el nuevo edificio ignora a la antigua fachada de ladrillo. El circo parece elevarse a pesar de lo que lo rodea. Ni el más mínimo guiño. Con lo interesante que hubiese sido tratar el patio de manzana como un todo, con esas medianerías que en vez de darle la espalda podrían aportar algo de gracia y salero si hubiese habido más imaginación.
Qué distinto al tratamiento del muro vegetal del Caixaforum.
Claro, que con todos los problemas que hubo durante las obras con los vecinos de los edificios colindantes, como para pedir colaboración en aras de resultados estéticos.
El interior resulta amplio, con buena visibilidad para los adultos, aunque no tan buena para los niños, butacas razonablemente cómodas y a pesar de algún detalle tosco, creo que está bien resuelto. No es poco.

El recubrimiento con gresite tiene su gracia, pero podría haber apostado por un tratamiento más cañero, que estamos en el circo.

La cafetería, sacada de una facultad de segunda de una universidad de tercera, la tienda de recuerdos, equiparable a las que hay en los pasillos de la estación de metro de avenida de América, el tratamiento gráfico tan ramplón de banderolas (esa DINSchrift) y puntos de información, los recubrimientos cerámicos de los suelos, la iluminación de las zonas de recepción, todas estas cosas tienen solución. Porque espacios sugerentes, en edificios mediocres, haberlos haylos, como en el Hotel Puerta América.





Pues eso, que con un poco de imaginación y buena voluntad, cuando dentro de veinte años hagan una remodelación, quizás les quede algo aparente.
"Si usted cree que la educación es cara, pruebe con la ignorancia"
Derek Bok