El pabellón belga, situado en el Edificio Viento en la planta 0, fue uno de los más grandes del recinto con 1400 metros cuadrados.
El proyecto que ganó el concurso para representar el clima y el paisaje belgas es una idea del estudio de arquitectura "L'Escaut", y los contenidos fueron coordinados por el arquitecto-escenógrafo Olivier Bastin.
Según Bastin "como los visitantes en una Expo no se suelen quedar en un mismo pabellón durante mas de un cuarto de hora, la intención del proyecto era crear un ambiente y a la vez informar al visitante en poco tiempo".
Nada más entrar, un tapiz de musgo bajo un cielo nublado del cual podía caer lluvia, reflejaba el clima de todo el año en Bélgica, en pases de doce minutos.
Cada doce minutos se reflejaba el clima de doce meses en Bélgica, gracias a los datos del IRM (Instituto Real de Meteorología belga) pudieron representar el clima del año 2007 en 12 minutos.
En el panel lateral derecho una foto realizada con cámara oscura por artistas valones va cambiando lentamente introduciendo al visitante en distintos paisajes sin necesidad de moverse.
Hay unas cómodas butacas blancas desde las que se puede apreciar el bosque belga.
En el recorrido completamos el ciclo del agua y conocemos la política mediambiental y gestión hidráulica del país.
En un momento determinado, el suelo se mueve y nos da la impresión de caminar sobre agua.
La obra del escultor belga Jan Fabre, El hombre que escribe sobre el agua, ilustra la relación entre el agua, el ser humano y la sociedad. La sala en la que se ubica la escultura es una gran caverna en la que se filtra el agua del tapiz de musgo creando una atmósfera húmeda y fresquita.
En esta visita, los más pequeños pudieron disfrutar con la gran recreación del paraje y los enormes gráficos en los que se explicaba la gestión de los recursos hidrográficos.
Disponía de restaurante en la planta de arriba aunque había una pequeña cafetería en la planta calle donde se podían disfrutar de un gofre o de fresas recubiertas de chocolate, todo ello regado con alguna de las famosas cervezas belgas.
En la tienda se podían comprar tabletas de chocolate belga o cómics de Tintín
Terminada la visita por el pabellón, en una adyacente, se podían ver múltiples reproducciones del emblemático edificio protagonista de la Expo de Bélgica de 1968
El pabellón disponía de una sala polivalente de 63 metros cuadrados que se podía alquilar y que sirvió para exposiciones de diferentes artistas belgas, y para otras dos exposiciones, una sobre la antigua vinculación de este país con España en la confección de alfombras y tapices y otra sobre los encajes.
Este pabellón tuvo un presupuesto de 2 millones de €.
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