A-32. Una apuesta de progreso con cientos de damnificados en la cuneta
Significaba “riqueza” económica y social para Jaén y, por ello, se “sacrificaron” alrededor de 7.000 hectáreas y cerca de 100.000 olivos desde Linares hasta Villanueva. La suspensión ahora de las obras en dos tramos de la A-32 deja a miles de ciudadanos “en la cuneta” y convierte esta apuesta por el desarrollo en “catástrofe” y promesa baldía.
Dicen los ideólogos del progreso que el desarrollo nunca es gratuito. Exige sacrificios. Con esta premisa, a lo largo de la Historia de la humanidad, se han justificado un sinnúmero de guerras, revoluciones y también obras faraónicas, como la presa de Las Tres Gargantas, en China, que dejó cientos de miles de damnificados a lo largo de los trece años que duró su construcción. A escala reducida y extrapolándolo a la provincia, el argumento del desarrollo es también el que está detrás de las obras de la futura autovía A-32, entre Linares y Albacete.
Después de diez años durmiendo el sueño de los justos, con el objetivo de vertebrar el territorio español y conectar por vía rápida Andalucía con el Levante, el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero sacó del cajón el proyecto, le quitó el polvo que había acumulado durante los ocho años de mandato del Partido Popular y, colateralmente, le insufló aliento a las aspiraciones económicas, turísticas y sociales de Jaén. La “históricamente olvidada” se sentía, por fin, escuchada y parte del mapa estatal de inversiones. El Ministerio de Fomento que, por aquel 2007, coordinaba la malagueña Magdalena Álvarez cifró en 720 millones de euros la construcción de la ansiada “Autovía del Levante”. De ellos, 480 millones se invertirían en los ocho tramos —129 kilómetros— que discurren por la provincia.
Con el proyecto “cerrado” y la promesa de generar riqueza, en enero de 2009, comenzaron las obras ansiadas en dos tramos, los comprendidos entre Linares y Úbeda, y a finales del pasado mes de abril, en tres más, entre Úbeda y Villanueva del Arzobispo. En total, 77 kilómetros de recorrido y más de 300 millones de euros destinados a acometerlos que se traducían en cifras alentadoras, como la creación de cientos de puestos de trabajo, pero también en otras más controvertidas, como la expropiación de unas 6.800 hectáreas en los cinco tramos y el “sacrificio” de alrededor de 100.000 olivos, según las estimaciones del delegado de la Unión de Pequeños Agricultores en Villacarrillo, Emilio de la Torre.
Sin embargo, la promesa quedó en entredicho cuando, el 22 de julio, el actual ministro de Fomento, José Blanco, anunció que, como consecuencia del plan de reajuste que iba a acometer su departamento para contener los efectos de la crisis, se suspendían “sine die” las obras de la futura autovía, en los tres tramos comprendidos entre Úbeda y Villanueva del Arzobispo. Jaén se convertía, además, en la única damnificada, en Andalucía, por los recortes programados por el Ejecutivo central y el fantasma de ese olvido que las inversiones de Activa Jaén habían conseguir relegar volvía a deambular por la provincia. “No es justo que la más atrasada deba soportar el peso de estas medidas”, clamaba Javier Ramírez, desde la Plataforma Pro Andalucía Oriental. Reacciones similares se sucedieron a lo largo y ancho de la provincia y desde todos los sectores. Las repercusiones sociales y económicas de la decisión unilateral del Gobierno lo requerían. Y es que los recortes atentaban contra “el principal bien de la provincia”: el olivar. De repente, unos tres mil olivareros de las comarcas de La Loma y Las Villas se vieron sin 40.000 olivos, sin el pago de las expropiaciones —en muchos casos, está sin negociar—, sin saber cuándo cobrarán y con la sensación de que todo ha sido por nada. “La gente entiende las mejoras”, confesaba el secretario de las cuatro comunidades de regantes de Canena afectadas por las expropiaciones, Manuel Marcial, pero reponía: “Ninguno [de los agricultores] estaba dispuesto a vender. Han sido expropiaciones forzosas y el pago de las indemnizaciones debería ser más rápido”.
En este tramo, Ibros-Úbeda, las obras continúan, pero los olivareros aún no saben “cuánto, cuándo ni cómo” cobrarán por los olivos perdidos. Las cantidades iniciales que se les abonaron fueron “ridículas”, denuncia el presidente de esta comunidad canenera, Manuel Moreno. Según los datos facilitados por el delegado de UPA en Villacarrillo, “apenas cobraron entre 20 y 30 céntimos de euro por metro cuadrado de finca expropiada”. Pero ellos no son los únicos damnificados de la A-32. La suspensión de los trabajos en los tramos que discurren entre Torreperogil y Villanueva —Fomento “indultó”, finalmente, el Úbeda-Torreperogil— deja en la “cuneta” a cerca de 300 trabajadores que, en principio, iban a ser empleados en su ejecución. Unos y otros —agricultores, obreros y la provincia, en general— ilustran, hoy, el coste económico y social de la ambiciosa “Autovía del Levante”.
Nuria López Priego / Jaén