La Sagrada Familia refuerza los controles del impacto del túnel del AVE
El patronato da por hecho que la tuneladora no se detendrá y pide a Adif más garantías de seguridad | Los aparatos también medirán los efectos que provocará la construcción del templo en el subsuelo
ÓSCAR MUÑOZ | Barcelona | 16/09/2010
Dos asuntos traen de cabeza estos días a los responsables de la Sagrada Família: la visita del Papa, que tendrá lugar el 7 de noviembre, y el paso de la tuneladora del AVE, Barcino, junto a la fachada de la Gloria, prevista para las próximas semanas. Mientras se pone a punto el interior del templo para que sea consagrado por Benedicto XVI –los trabajos están muy avanzados–, decenas de aparatos se están colocando y ajustando por todo el edificio, en especial en su parte frontal, para medir los efectos que pueda tener sobre su estructura la perforación del controvertido túnel.
Al amplio instrumental instalado por Adif –responsable de la obra ferroviaria– de acuerdo con la dirección del monumento, se van a añadir otros sistemas de control complementarios pactados por la Sagrada Família con los dos técnicos consultores de la Unesco que supervisan las obras y su impacto sobre el templo. Así las cosas, la catedral que ideó Antoni Gaudí va a ser el inmueble más vigilado de todos los que hay junto al trazado del AVE.
Los responsables de la Sagrada Família mantienen su acción judicial contra el trazado pero ya dan por hecho que Barcino pasará junto al templo antes de que la Audiencia Nacional dicte sentencia.
Es cuestión de semanas, un mes como máximo. Desde el pasado 30 de agosto, la máquina permanece en el pozo de Mallorca/ Padilla, donde se le están practicando labores de mantenimiento programadas, básicamente para sustituir los dientes de corte que estén desgastados. "Hemos de adoptar el mejor sistema para afrontar esta situación y primar la seguridad", explica a La Vanguardia el presidente delegado de la Junta Constructora, Joan Rigol. Por ello, prosigue, "de acuerdo con lo dispuesto en el
informe de la Unesco, nos hemos puesto en contacto con los técnicos de esta organización y hemos acordado con ellos reforzar los controles". Los ingenieros
Wolfram Jäger y
Rolf Katzembach, asesores de la comisión de expertos del patrimonio de la humanidad y también miembros del grupo de sabios designados por el Ministerio de Fomento para supervisar la ejecución del túnel del AVE, han recomendado que se instalen 16 nuevos aparatos para determinar si los desplazamientos que puedan producirse en la estructura del monumento cuando Barcino perfore junto a la fachada de la Gloria están dentro de los márgenes que ellos consideran de seguridad.
El patronato del templo sigue creyendo que lo ideal sería que el túnel no pasase bajo la calle Mallorca pero, tal como están las cosas, se da por satisfecho con esta vigilancia extra. Con todo, pide a Adif que concrete cómo actuará si se rebasan ciertos márgenes de seguridad.
Los ingenieros de la Unesco han fijado tres niveles a considerar en el monumento: verde (correcto y por tanto, la perforación prosigue), amarillo (más precaución) y rojo (debe detenerse la obra). Para los desplazamientos verticales en la superficie, el nivel es verde si son entre cero y tres milímetros, el amarillo de tres a seis y el rojo de seis a nueve. Para los horizontales, el verde es de cero a dos milímetros y medio, el amarillo de dos y medio a cuatro y medio y el rojo entre cuatro milímetros y medio y diez, aunque la Sagrada Família ha pedido que este último tope se rebaje a seis.
Por otra parte –y este es un punto clave– los técnicos del templo plantean que el nivel amarillo sea más explícito.
Carles Buxadé, uno de los arquitectos directores adjuntos de la junta constructora del monumento y catedrático de Estructuras de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, sostiene que "de poco sirve tener todos los datos si luego no está claro cómo se actuará en cada caso y creemos que lo más razonable para este nivel amarillo es una respuesta equilibrada, que no suponga parar la tuneladora pero tampoco quedarse en una mera indicación de tener más cuidado".
Los movimientos detectados en superficie en los edificios junto al kilómetro y medio de la calle Mallorca que ya se ha tunelado han sido mínimos, prácticamente imperceptibles, según Adif. No se han superado los tres milímetros y las medias han oscilado entre uno y dos, cuando los modelos teóricos daban hasta diez. Pero este comportamiento no es extrapolable a la Sagrada Família, sostiene Buxadé. "Las cargas que transmite el templo son mucho mayores –argumenta–, sólo la fachada de la Gloria pesará cuando esté acabada diez veces más que el bloque de viviendas que tiene en frente, en total 25.000 toneladas". En suma, que desplazamientos a priori pequeños pueden causar daños. Aunque, reconoce el catedrático,
"si me preguntan si se caerá el templo, diría que no creo que caiga; pero los riesgos, aún siendo bajos, no lo son suficientemente". Y más aún cuando no hay precedentes de perforar un túnel junto a un edificio tan singular. A su juicio, el de la L5 del metro –bajo Provença– no es comparable porque es muy superficial y los cimientos del templo van más abajo. En cambio, prosigue Buxadé, el del AVE, irá a 40 metros de profundidad –más abajo de la cimentación– y muy cerca de su eje.
"La Sagrada Família –continúa – no es como las catedrales góticas que tienen contrafuertes y arbotantes, como pirámides, su forma es invertida y por su concepción arbórea es muy frágil".
El despliegue de medios de control en la Sagrada Família es impresionante. Adif ha instalado cuatro estaciones de topografía robotizada en la zona, dos de ellas dentro del templo y otras dos en otros edificios; 146 prismas de control, dentro del monumento y en sus fachadas; tres estaciones de monitorización para el control de vibraciones, distribuidas en el entorno; cinco secciones de auscultación integrada por 65 hitos de nivelación, 20 extensómetros, once micrómetros deslizantes, 17 inclinómetros, 15 células de presión en el terreno y 28 piezómetros; y, por último, nueve acelerómetros dentro del monumento para el control de las vibraciones.
Entre el nuevo instrumental propuesto por Jäger y Katzembach, hay un extensómetro que medirá si la junta estructural que separa la fachada de la Gloria de la nave crece; otro aparato similar que funciona con láser y que mide la distancia entre columnas en la entrada principal; dos inclinómetros en cada lado de la portada o dos niveles topográficos que indicarán si se producen asentamientos en el terreno y que tomará como referencias puntos lejanos (calles València o en Rosselló). También se recogerán las temperaturas para que no se produzcan lecturas no comparables de los movimientos.
Los dispositivos de control recién instalados no sólo servirán para evaluar los efectos de la perforación del AVE, también se utilizarán para hacer un seguimiento de la construcción de la Sagrada Família, especialmente de la fachada de la Gloria. En un futuro, debido al enorme peso que tendrá, esta enorme estructura podría provocar asentamientos en el terreno y dañar el túnel ferroviario. Los técnicos del templo lo saben. Pero, llegados a este punto Carles Buxadé pregunta: "¿Quién estaba antes, la Sagrada Família o el AVE?"
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