Este martes se cumplen 70 años de uno de los mayores incendio de la historia de España que cambio la morfología urbana de Santander y destruyendo gran parte de su patrimonio artístico y cultural. Creo que será interesante que en estos días lo recordemos y poder subir diferente información. Sobre todo es de valorar las fotos aportadas por el Diario Montañes.
En la madrugada del 15 al 16 de febrero[1] del año 1941, la ciudad española de Santander sufrió una importante catástrofe. Décadas después de la explosión del vapor Cabo Machichaco (1893), Santander sufrió el incendio más demoledor de su historia.
Incendio
El elemento desencadenante de la catástrofe fue el fuerte viento de dirección sureste que, desde la tarde del día 15 azotó la ciudad, alcanzando momentos de máxima velocidad los 140 kilómetros por hora, acompañado por una depresión atmosférica de gran intensidad. El incendio se inició en la calle Cádiz, en las proximidades de los muelles, y avivado por un fuerte viento Sur, las llamas alcanzaron pronto la Catedral que, por estar situada en la zona más alta, se convirtió en un potente foco difusor del fuego hacia las calles próximas.
Los orígenes del incendio no quedan detallados en la información de la época. Se sabe con casi total certeza que se inició en la calle Cádiz, pero el objeto desencadenante varía según la fuente. Unos aluden a una chimenea del número 20 de esa misma calle, otros un cortocircuito, y algunos textos localizan el origen del incendio en el número 5. A partir de ahí, el fuego se extendió rápidamente al número 15 de Ruamayor, avivado por el fuerte viento Sur.
Desde el eje de la Vieja Puebla (Catedral, Rúa Mayor, Rúa Menor...), el incendio se fue extendiendo hacia las calles de La Ribera, San Francisco, Atarazanas, El Puente, La Blanca y la Plaza Vieja. De esta forma se situó sus límites al Norte, en la cuesta de la Atalaya, y la calle de San José, por el Oeste el fuego se cortó antes de alcanzar Isabel II y la calle del Limón, sin llegar a afectar a la sede del Ayuntamiento, por el Sur se extendió hasta la calle Calderón de la Barca, mientras que por el Este el fuego se detuvo en las primera casas del ensanche. Los límites del fuego coinciden casi totalmente con el espacio amurallado de la villa del siglo XVI.
Durante el día 16 prosigue el incendio, cediendo por el Este pero avanzando en otras zonas de la ciudad. Ese mismo día, y 24 horas después del comienzo del incendio, llegan bomberos de Bilbao, San Sebastián, Palencia, Burgos, Oviedo, Gijón, Avilés y Madrid. Ya en el día 17, la ausencia de viento favorece los trabajos de extinción. Empieza a desaparecer de las calles los muebles y transeúntes sin hogar. Los bomberos penetran en la zona calcinada, y se ahogan los últimos focos en busca el núcleo del incendio.
Durante el día 18 el gobernador Carlos Ruiz García difunde un Boletín Oficial de Información dando instrucciones a la población y aportando datos sobre la magnitud de lo ocurrido. Sobre todo se difundieron consignas, órdenes e instrucciones concretas sobre suministros y distribución de alimentos. Esa misma noche arribó a puerto el crucero Canarias, que aportaria suministros y comida a la población. El cambio del viento en dirección Noroeste y el comienzo de la lluvia ayudó a las labores de los bomberos. Se limpió la atmósfera de la ciudad, pero aumentó considerablemente el riesgo de derrumbamientos. El día 20 el gobernador civil dicta un decreto por el que se obliga a todos los propietarios a reparar los tejados de los edificios y las salidas de humos en un plazo de 48 horas. Se procede a la incautación de las tejeras La Covadonga, Trascueto y Agustín García. Llegan las primeras cocinas de campaña y comienza la distribución de comida caliente entre los damnificados.
Los focos principales del incendio se consiguieron apagar en los 3 primeros días, pero gran parte de las ruinas y edificios destruidos, albergan llamas en su interior en los días posteriores. Tras 15 días desde el comienzo del incendio, se da fin a la catástrofe con el último foco extinguido del incendio, en una casa de la calle Cuesta.
Consecuencias
En general, el fuego afectó a las calles estrechas (salvo la de Atarazanas), con edificios básicamente construidos de madera y con miradores que facilitaron la difusión de las llamas.
El resultado fue la destrucción casi completa de la zona histórica de la ciudad, es decir casi la totalidad del casco antiguo de la ciudad, afectando, sobre todo a la Vieja y Nueva Puebla y a edificios más modernos levantados en su recinto. Desaparecieron fundamentalmente edificios de viviendas en gran parte ocupadas por clases populares. El incendio destruyó la mayor parte de la puebla medieval, el total fueron 37 calles de las más antiguas de la ciudad que ocupaban 14 hectáreas, lo que supuso la desaparición de 400 edificios mayoritariamente destinados a viviendas (2.000 aproximadamente) y comercio.
La zona afectada se caracteriza, además, por constituir el centro de la ciudad, el eje donde estaban emplazados la mayor parte de los establecimientos comerciales del Santander de aquel entonces. Se ha calculado que el incendio destruyó el 90 % de los locales destinados a esta actividad. Hay que tener en cuenta que las calles de La Blanca y San Francisco constituían la base de la vida comercial de la ciudad.
Asimismo, algunos edificios públicos desaparecieron o se vieron afectados en mayor o menor grado. Este es el caso de la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, la antigua Casa Consistorial, la iglesia de la Anunciación y el Palacio de Marqués de Villatorre.
Un total de 72.211 bomberos locales, de las provincias limítrofes como Vitoria y Palencia, y de Madrid, participaron en la extinción del fuego durante quince días.
Hubo alrededor de 10.000 damnificados y unas 7.000 personas en paro forzoso. El buque Canarias abasteció a la devastada ciudad de alimentos y de ayuda humana tras la catástrofe. Al tiempo del desastre, se crea el cargo de "Delegado especial del Gobierno para la Reconstrucción de Santander", que se encargó del nuevo espacio y del futuro urbanístico de la ciudad. En el Plan de reconstrucción se abrió la nueva calle de Juan de Herrera, de carácter comercial, que une el Ayuntamiento con Hernán Cortés, respetando la Iglesia de La Compañía, salvada del incendio.
Víctimas
El incendio causó una sola víctima, un bombero madrileño, Julián Sánchez García en labores de extinción que falleció en el hospital de Valdecilla tras una leve recuperación. A pesar de eso el daño material fue inmenso, y miles de familias perdieron sus hogares.
Valoración de los daños
La valoración material de las pérdidas se cifró oficialmente en 85.312.506 pesetas. El número de damnificados ascendió a unas 10.000 personas, lo que, teniendo en cuenta que la población de hecho de la ciudad en 1940 era de 101.793 habitantes (INE), supuso que quedasen sin vivienda aproximadamente un 10 % de los santanderinos y un buen porcentaje de ellos perdiese sus negocios y empresas. Cabe destacar que en el año 1941, España estaba en plena posguerra y la situación socio-económica no era muy favorable, por lo que una catástrofe de esta magnitud acrecentó la mala situación por la que pasaba tanto la ciudad como la región.
Planeamiento urbano
Como consecuencia del incendio, quedaron libres 115.421 m² de suelo urbano magníficamente situado en el centro físico de la ciudad de Santander, que fueron expropiados para concentrar los solares. Fue por tanto, una ocasión excepcionalmente favorable para dejar terrenos a disposición de negocios inmobiliarios en una zona donde el valor del suelo era y es objeto de una creciente plusvalía.
El incendio tuvo una notable incidencia en el planeamiento urbano y un impacto indiscutible en la reorganización social de la ciudad de Santander, estimulando nuevos procesos urbanos tanto en el centro como en las áreas periféricas a las que se dirigió gran parte de la población desalojada por el siniestro. Ello es fundamental para comprender la dinámica del espacio urbano santanderino en la etapa previa a la gran expansión de los años 60.
La reconstrucción iniciada rápidamente se acometió en base a una serie de principios fundamentales. En primer lugar se intenta solucionar el problema viario construyendo un nuevo trazado para el tranvía que supera las disfuncionalidades derivadas de las calles estrechas e irregularmente distribuidas del casco histórico. Para ello se acepta un proyecto que sigue las directrices del modelo del ensanche, con una trama octogonal compuesta por calles amplias en las zonas de mayor confluencia de tráfico. En este sentido, es ilustrativo del ensanchamiento de la antigua calle de Atarazanas para constituir la actual Avenida de Calvo Sotelo.
El segundo criterio fundamental viene dado por la orientación comercial y de residencia acomodada que prioritariamente se adjudica a esta área, en especial en las calles de San Francisco, Calvo Sotelo y Juan de Herrera.
Asimismo, se sostuvo la necesidad de construir una plaza principal como nuevo centro representativo de la ciudad: la Plaza Porticada, sede de algunos edificios oficiales, como el Gobierno Civil, la Delegación de Hacienda, el Gobierno Militar, la Cámara de Comercio, Industria y Navegación, y en la actualidad también comprende la sede de Caja Cantabria.
Otro objetivo propuesto fue la revalorización de los edificios religiosos, sacando partido a sus limitadas posibilidades estéticas. Por ello se dedicó tiempo a la reconstrucción de la Catedral de Santander, la iglesia de la Anunciación y se construyó la Plaza de la Asunción.
Por último, una realización importante de los años 40 fue el desmonte realizado entre la Catedral y la actual calle de Ruamayor. Paralelamente a todo lo anterior, se producen dos fenómenos fundamentales: el desplazamiento de la población de clases bajas asentadas en las viejas casas del centro hacia la periferia, lo que originó el consiguiente crecimiento de la ciudad en sus márgenes.
En Santander, la actividad constructiva en los años posteriores al incendio se incrementa notablemente, por debajo de las necesidades reales y siguiendo un criterio selectivo. Así, la zona directamente afectada por el fuego se remodela a través de la iniciativa privada, que construye edificios destinados a uso oficial, comercial y de residencia burguesa.
La vivienda obrera se sitúa, en principio con carácter de provisionalidad en ciertos casos, en puntos aislados del casco urbano, generalmente distantes del centro. En estos casos, la gestión para la edificación parte de organismos estatales municipales que construyen casas baratas de tipo casi o totalmente suburbial (200 "casucas" de Canda Landáburu en La Albericia, viviendas en el barrio de Campogiro en Peñacastillo y bloques de viviendas subvencionadas por la Obra Sindical del Hogar, en general de baja calidad, como son el Grupo Pero Niño (único barrio para clases modestas que se levantan en el espacio siniestrado), y en el extrarradio, los grupos de los Santos Mártires (162 viviendas), José María de Pereda (111), Pedro Velarde (348) y Barrio Pesquero (294).
En la zona afectada por el incendio se construyeron aproximadamente la mitad de viviendas populares que las que se destinaron a residencia burguesa, fenómeno claramente ilustrativo de la nueva dimensión social y funcional que se logró imponer en esta área central y, por tanto, de gran valor en el conjunto urbano.
Para el año 1954 estaba prácticamente finalizada esta amplia labor de reconstrucción con un resultado de cinco nuevos edificios públicos y 170 privados. Así pues, el incendio y la posterior reconstrucción del centro trajeron consigo dos consecuencias claves para la actual ciudad de Santander. Por un lado, se produjo una profunda transformación tanto morfológica como funcional del espacio urbano central que supuso un proceso de renovación urbana anterior al de otras ciudades españolas. Por otra parte, se desencadenó una movilización no espontánea de población de grandes proporciones que, en última instancia, deja sus huellas en la estructuración socio-urbana actual.
Fuente: Wikipedai
Incendio de Santander de 1941 - Wikipedia, la enciclopedia libre
El origen del incendio... imagenes del Diario Montañes
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Así ocurrió
Todo comenzó a las 21.00 horas del 15 de febrero y acabó quince días después con cerca de 400 viviendas convertidas en cenizas
Sábado, día 15
A lo largo de todo el día sopló un fuerte viento que, a medida que pasaban las horas, se convirtió en un ciclón.
21.00 horas
Voladuras de tejados, cristales y conducciones eléctricas. Durante toda la tarde, Santander había sido azotada por un huracán que alcanzó ráfagas que alcanzaron una velocidad de 140 kilómetros por hora. La totalidad de la red aérea de cables eléctricos quedó inutilizada y la ciudad sin suministro.
21.30 horas
Se hace imposible el tránsito por la calle. Los ciudadanos se refugian en sus casas o en los cafés. Se refuerzan puertas y ventanas.
22.00 horas
La oscuridad se abate sobre la zona Oeste de la ciudad. Los centenarios árboles de la Alameda de Oviedo son derribados por el viento, así como los árboles del Sardinero, Paseo Pereda y diversas fincas. Caen las instalaciones de alumbrado y tranvía. Se produce un pequeño incendio en una chimenea en el número 20 de la calle Cádiz. Aunque los informes oficiales señalaron que el origen del siniestro fue un cortocircuito, las versiones populares trasmitidas durante años llegaron a apuntar a las brasas de un fogón que causaron el incendio del tejado. Contra toda previsión, el ciclón arrecia y alcanza su velocidad máxima: 140 Kilómetros por hora.
22.30 horas
Salta la tupida red de alumbrado de la calle la Blanca. El incendio de la calle Cádiz se extiende por las Atarazanas, Rúa Mayor, Rúa Menor, Escalerilla y Banco Hispano Americano, Palacio Episcopal, Torre de la Catedral.
Los datos oficiales de la época indican que a esa hora Atarazanas ya estaba azotada por el fuego, que también se apoderó del Palacio Episcopal y el tejado de la Catedral. En ese momento, la población comenzó a tomar conciencia de la gravedad de la situación, mientras miles de ciudadanos abandonaban corriendo sus domicilios.
Todos los intentos de sofocar los incendios que se extendían por calles y edificios resultaron estériles, dada la intensidad del viento y el material de construcción de los inmuebles, básicamente madera.
Cuando las grandes campanas de la Catedral se precipitaron al suelo, el fuego ya había superado la desaparecida Ría de Becedo, extendiéndose por las calles San Francisco, La Ribera y La Blanca.
Domingo, día 16
00.00 horas
El fuego alcanza la cima de la colina sobre la que se levanta la catedral. Llueven brasas desde este «surtidor de fuego» sobre las techumbres de madera de la Puebla Vieja. Las campanas de la Catedral caen y se funden con el fuego. El incendio se extiende hasta la Ribera y San Francisco (arden 50 edificios ya), así como dos filas de casas del Puente y el Callejón del Infierno, Atarazanas y Hotel Victoria. Prosigue el incendio y arden Méndez Núñez y Calderón de la Barca. La estrechez de las calles forma tiros de vientos que propagan las llamas a gran velocidad.
01.00 horas
Las llamas han alcanzado ya la totalidad de la calle la Blanca y la Plaza Vieja. El fuego llega a la iglesia de La Anunciación y la calles de la Compañía y Tableros, Plaza de las Escuelas, Carvajal y Santa Clara. La calle San José, en donde se ha refugiado gran número de enfermos, ancianos, mujeres y niños, es evacuada.
02.30 horas
En el Café Boulevard se reúnen el gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, Carlos Ruiz García; el gobernador militar, coronel Burgués; el coronel del Regimiento de Infantería, Molinera el alcalde, Pino; el presidente de la Diputación, Nárdiz, y el delegado de Orden Público, Norte. Entran en vigencia las leyes de estado de guerra, se envían enlaces y se imparten órdenes para limitar el incendio. Las comunicaciones de todo tipo con Santander están cortadas.
03.00 horas
Se desploman las casas de ‘Mafor’ en San Francisco y los almacenes Ribalaygua. El fuego abre un nuevo cauce hacia la Atalaya por la calle del Peso.
03.30 horas
Se procede al uso de dinamita para crear cortafuegos. Se dinamita la zona de Sevilla Tantín para preservar la Electra de Viesgo. Voladuras en Atarazanas y Plaza de Dato.
04.00 horas
El fuego asciende por la colina del Alta. La ciudad queda segregada en dos zonas en sentido longitudinal. Sólo se puede pasar de una a otra por la zona de Viñas y el paseo marítimo. A estas horas se contabilizan un muerto, 100 heridos y lesionados y 1.000 casos de conjuntivitis.
Durante el resto de la noche, el fuego comienza a extenderse hacia la calle Calderón y Méndez Núñez, Catedral y Puente, por el Sur, y hacia Arcillero y la Plaza del Príncipe por el Noroeste, para, desde allí, dirigirse a San José, Bustamante, Sánchez Silva y Tantín, y bajar por la Cuesta de La Atalaya para continuar por la plaza de los Remedios.
08.30 horas
Han quedado organizados todos los servicios y el gobernador imparte nuevas órdenes. A lo largo del día del domingo, prosigue el incendio y se salva el comedor del Auxilio Social en la zona de Calderón de la Barca.
00.00 horas
El incendio cede por el Este, pero se extiende en sentido contrario. Llegan los primeros auxilios. Bomberos de Bilbao, San Sebastián, Palencia, Burgos, Oviedo, Gijón, Avilés y Madrid acuden a la capital cántabra. Han tardado 24 horas. Las mangueras combaten con agua desde los tejados el fuego en los edificos colaterales. Arden ‘La Hoja del Lunes’, ‘Alerta’ y EL DIARIO MONTAÑÉS.
Lunes, día 17
La ausencia de viento favorece los trabajos de extinción. Empieza a desaparecer el ‘espectáculo’ de las calles llenas de muebles y transeúntes sin hogar. Los bomberos penetran en la zona calcinada. Se ahogan los últimos focos y se busca el núcleo del incendio.
Martes, día 18
El gobernador Carlos Ruiz García difunde un Boletín Oficial de Información dando instrucciones a la población y aportando datos sobre la magnitud de lo ocurrido. Sobre todo se difundieron consignas, órdenes e instrucciones concretas sobre suministros y distribución de alimentos. Ese mismo día llegaron desde Bilbao sendos Diarios Montañés impresos en Bilbao y Palencia de una sola hoja. Esa misma noche arribó a puerto el crucero ‘Canarias’.
Cambió el viento en dirección Noroeste y comenzó a llover, con lo que se limpió la atmósfera de la ciudad, pero aumentó considerablemente el riesgo de derrumbamientos.
Jueves, día 20
El gobernador civil dicta un decreto por el que se obliga a todos los propietarios a reparar los tejados de los edificios y las salidas de humos en un plazo de 48 horas. Se procede a la incautación de las tejeras ‘La Covadonga’, ‘Trascueto’ y ‘Agustín García’. Llegan las primeras cocinas de campaña y comienza la distribución de comida caliente entre los damnificados.
Quince días después
El último foco, una casa de la calle Cuesta, es extinguido. 376 edificios han sido reducidos a cenizas y cientos de comercios han quedado destruidos
Tras el incendio...
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Más imagenes para hacerse una idea de la magnitud de la catastrofe y los importantes cambios urbanísticos que supuso la catastrofe.
Quiza esta una buena foto para ver el cambio actual donde se ubica la Plaza Porticada
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Más imagenes del Diario Montañes. En este caso el proceso de remodelación y reconstrucción de la ciudad.
Plaza de la Porticada
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Impresionante el Blog Fotos de Tiempos Pasados
Fotos de tiempos pasados: Santander después del incendio (1941)
o este otro BLOG
neonecronomicónblog: _EL INCENDIO DE SANTANDER (1941).
Un video sobre la Regenración de la ciudad
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