Un paseo entre las olas
Más de 1.200 metros lineales surcados a través de la costa, 35.000 metros cúbicos de tierras movidas y más de 10.000 metros cúblicos de hormigón, son sólo algunas de las monumentales cifras que arroja la obra del Paseo de Poniente de Benidorm, una de las más reivindicadas por la población y de las más significativas a las que se ha visto sometida la ciudad en los últimos tiempos.
Simulando la estructura de un acantilado y el movimiento de las olas y las mareas, el entramado del nuevo paseo ya toma forma para dar un vuelco a la imagen de Benidorm y obligar a reimprimir las postales y los folletos turísticos de la ciudad.
El diseño vanguardista de Carlos Ferrater, que apuesta por combinar tecnología constructiva y naturaleza, discurre paralelo al mar y ocupa todo el largo de la avenida de la Armada Española. 250 muros de hormigón y otros tantos armazones de madera, fabricados de forma artesanal para obtener formas curvilíneas, ya constituyen el esqueleto del paseo que, desde la playa, se alzará como un sinuoso muro de color blanco y, desde arriba, parecerá adentrarse en la arena y el agua, eliminando todo obstáculo visual para mezclarse con el horizonte y el paisaje.
Cerca de 12.000 metros cuadrados de pavimento de porcelana de diferentes colores rellenarán el ancho del paseo, que varía entre los 20 y los 25 metros a lo largo de su recorrido según se adentre o se aleje de la playa, para crear un mosaico de texturas y contribuir con la esencia orgánica y natural del proyecto. De los 35.000 metros cúbicos de arenas removidas en Poniente, algunos se han reutilizado en la misma obra y otros han sido reciclados, usándose parte del material para regenerar el extremo de su vecina playa de Levante, en el Rincón de Loix.
Son las cifras mayúsculas de una obra que cambiará las fotografías de la ciudad y deja anclado en el recuerdo el antiguo paseo de balaustrada blanca. Su coste: 13,3 millones de euros, aportados por la Generalitat, para reinventar uno de los escenarios esenciales de Benidorm y de los más concurridos por sus vecinos.
Los nostálgicos que hace ya dos años, desde que se colocó la primera piedra de la infraestructura, esperan para volver a disfrutar del "footing" junto al mar, los paseos al anochecer por Poniente, el patinaje o las caminatas nocturnas, todavía tendrán que aguardar hasta Semana Santa, cuando está previsto que se concluyan las obras
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