Ser la ciudad campeona de toda Europa en contaminación lumínica no es cosa fácil, ni barata. Valencia pasaba por ser, desde hace años, la ciudad española con mayor índice de contaminación lumínica. Se sospechaba a raíz de la política de alumbrado público emprendida por la alcaldesa, Rita Barberá, desde su acceso a la alcaldía, en 1991. Pero no había datos que corroboraran la sospecha. La factura del alumbrado público lo ha aclarado: Valencia superó los 13 millones y medio de euros en 2007. Factura tan abultada sólo es posible si se compara lo que ocurre en esta ciudad con Madrid y Barcelona, por ejemplo. En Valencia se consumen más de 127 kilovatios / hora por habitante, frente a los 61,5 de la capital de España o los 57,4 de la ciudad condal. El Plan de Eficiencia Energética del Ministerio de Fomento 2004-2012 propone un consumo medio de 75 kilovatios por habitante.
El estudio Contaminación lumínica en España del departamento de Astrofísica y Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Complutense de Madrid es concluyente: España es el primer país de la Unión Europea con mayor consumo medio por farola. Y Valencia, la ciudad que más despilfarra en España. El ministerio de Industria ha elaborado un borrador de Ley de Eficiencia Energética que, de aprobarse, le supondría al Ayuntamiento del Cap i casal un coste de unos cinco millones de euros que, según los expertos, podría amortizar si consumiera como la media española.
La contaminación lumínica se produce cuando se emite una luz intensa, en dirección hacia arriba y en horarios innecesarios, generando efectos negativos en el medio ambiente. "Es justo todo lo que pasa Valencia y un claro ejemplo de cómo no hay que hacer las cosas", afirma Fernando Jáuregui, astrónomo responsable del área de contaminación lumínica del Año Internacional de la Astronomía.
¿Se necesitan tantas farolas? Dependiendo de quién sea el que contesta, la respuesta varía. Según el concejal de Alumbrado,
"no es que Valencia tenga un exceso de luz, sino que las otras ciudades están a oscuras y no hay tanta seguridad y tranquilidad como aquí".
Por el contrario, el criterio de sembrar las aceras de luminarias para transmitir serenidad es, para Grezzi, una solución errónea y populista. "Han hecho de Valencia una ciudad de grandes eventos y luces, y no saben cómo volver atrás", declaró.
En cuanto a los semáforos (en 2007 había instalados 24.957), que también contribuyen a la contaminación junto con la iluminación de las dependencias municipales, entre las que se incluyen también todos los edificios públicos y los colegios, el Ayuntamiento anunció hace dos meses que se iban a sustituir 9.951 lentes por otras con tecnología LED. Las nuevas supondrían un ahorro de un 80% sobre el consumo de los semáforos de incandescencia, lo que ayudaría a alcanzar otra de las medidas que exigiría la nueva ley, que las administraciones públicas ahorren en energía un 9% en 2010 y un 20% en 2016.
Valencia, capital europea en contaminación lumínica · ELPAÍS.com