En la Dársena no cabe todo
Este diario planteaba el pasado domingo día 21 un reportaje sobre el futuro de la dársena histórica de nuestro puerto, un espacio que ha sufrido fuertes sacudidas en los últimos años como consecuencia de dos episodios de diferente calado.
La Copa del América dejó una interesante apertura de espacios portuarios para uso ciudadano y un edificio emblemático -Veles e vents- que todavía está esperando un guión para sus contenidos. El circuito de la F1, en cambio, no ha hecho más que generar conflictos con el uso público, por no citar las molestias a los vecinos o el aislamiento del barrio de Natzaret en los días de las carreras.
Y ahora, después de tanto tiempo pasado desde que puerto y ciudad firmaran un acuerdo para ceder al municipio el recinto histórico, se plantea de nuevo su futuro. En mi participación en el citado reportaje, manifesté mi escepticismo sobre el resultado del nuevo proceso. Dada la costumbre que tiene nuestra alcaldesa de intervenir directamente en este tipo de asuntos, me parecía innecesario que alguien se empeñara en aportar nuevas ideas. Así que vine a expresar, más o menos, que lo importante es, si me pongo en el lugar del recinto, que me quede como estaba y se recupere el uso público, seriamente restringido con los dos acontecimientos señalados. Dicho espacio, el único que permite hoy un contacto urbano directo de la ciudad con el puerto, contiene una serie de activos de sobra conocidos- los tinglados, el edificio del Reloj- que han venido empleándose con éxito en los últimos años para actuaciones musicales y exposiciones culturales.
Conviene recordar aquellos tiempos "de cuando las mejoras del puerto derivaban en mejoras para la población" como dice mi compañero Carlos Nárdiz, y no todo eran inconvenientes. Podríamos retomar pues esas enseñanzas para definir los efectos positivos de nuestro puerto sobre la ciudad, hoy ya arribada al mar.
Insisto pues en que la dársena, en toda su extensión, constituye hoy un espacio público de sumo interés, pero no es un solar donde, como decía Escribano el domingo, cabe todo. No será difícil establecer un plan de usos para ese espacio tan singular, aunque va a estar hipotecado unos cuantos años por un circuito de asfalto que nunca debió alojarse en nuestro puerto.
Una vez establecido el plan de usos -¿por qué no abrir un gran debate público?- solo quedaría encontrar un equipo profesional competente que le dé forma y realice un buen proyecto. Hay magníficos urbanistas que no están en la pasarela global y que pueden proporcionar buenos resultados. No creo que sea difícil encontrar un consenso ciudadano sobre ese plan de usos, que si se me permite, debería respetar la memoria del lugar, un espacio para los ciudadanos, para actividades no mercantilizadas, para el paseo, para las actividades lúdicas y deportivas al aire libre, relacionadas también con los deportes náuticos.
Precisamente, analizar lo que ha ocurrido en otros proyectos similares debería servir para tomar nota y no cometer los mismos errores. La mayoría de las recuperaciones modernas de espacios portuarios obsoletos han derivado en oportunidades especulativas, como ocurrió con los Docklands en Londres.
Peter Hall, urbanista de reputación global llegó a incluir la operación en su libro titulado "Great Planning Disasters" (me ahorro la traducción) y a la que sucedieron otras muchas análogas en ciudades portuarias. En cuanto a Barcelona, sin negar el interés que tuvo la recuperación del frente marítimo en el 92, dudo que el ayuntamiento volvería hoy a plantear el mismo proyecto para el Port Vell.
Aquí, de momento, solo cabe desmontar las bases de la Copa, porque desde el punto de vista urbanístico, arquitectónico y patrimonial son un despropósito, más parecido a un polígono industrial, aunque pudiera mantener el interés de algún "edificio" aislado. Otro asunto diferente, ampliando la escala, es el tratamiento de la totalidad del ámbito que se cede al municipio, conectado con el espacio que espera el plan del Grau que se fundió con el de la marina, algo razonable desde la óptica del planeamiento. Pero ésta es otra historia, aunque lo cierto es que cada vez resulta más complicado aclararse con tanto vaivén, tanta improvisación, tanto cambio de criterio en asuntos tan importantes. Y lo que resulta más preocupante es que no parece que seamos capaces de realizar proyectos urbanos pensando en los ciudadanos y no tanto en que esos espacios sirvan para "sentar las bases para captar inversores".
Ingeniero de Caminos y profesor de Urbanismo en la Escuela de Arquitectura de Valencia
En la Dársena no cabe todo - Valencia - Levante-EMV



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