
Empezado por
El Punto de las Artes
¿Un polígono industrial junto a las ruinas de Numancia?
Y uno, ante la Ancha Castilla, se pregunta: ¿por qué se proyecta la construcción de un polígono industrial, llamado Soria II, junto a las ruinas de Numancia? Porque razonando, no encontramos explicación argumental que proporcione la más mínima solidez, cuando hay tanto terreno apropiado, precisamente en provincia tan vacía. Por eso, ante lo que consideramos una torpeza, el Instituto de España, que agrupa las Reales Academias de la Historia, de Bellas Artes y todas las demás, ha puesto a su Comisión de Monumentos a trabajar; y emitido un dictamen totalmente negativo a este proyecto que elige, sin considerar que hay lugares emblemáticos donde posa la memoria, y que al estar, dice, “ligados a un acontecimiento trascendental”, deben respetarse en su integridad. Y tras poner diversos ejemplos, el Instituto de España ha resuelto sobre Numancia “dar la batalla para defender el paisaje que la rodea”. Porque “de llevarse a cabo el Polígono Industrial Soria II, el daño sería irreversible”. Ya que “el abierto paisaje -en el que se encuentra Numancia, el cerro de Garray, los Campamentos de la Rasa y Peña Redonda, y el vecino conjunto del margen izquierdo del río, con la Iglesia y el Claustro de San Juan de Duero, el Monte de las Ánimas y la Muralla Medieval-, debe quedar despejado como está en la actualidad”.
Ante ese proyecto redactado sin contar con los muchos que pueden y deben opinar, uno se pregunta otra vez: ¿deben en buena lógica las administraciones locales, provinciales o regionales autorizar unos planes industriales cuyo emplazamiento implica a toda una realidad cultural que trasciende más allá de su marco geográfico? Numancia es el símbolo de una Resistencia; y, a la vez, un hecho extraordinario sucedido hace casi 2.150 años; cuando la dispersión ibérica fue encauzada, tras la conquista por Roma, al entendimiento hispano que empezó a contar como realidad con señas propias. Y precisamente porque no estamos en la prehistoria, en la época de vacceos y arévacos, tenemos la responsabilidad de mantener y transmitir los patrimonios históricos y naturales, evitando los riesgos que unas instalaciones industriales conllevan; máxime cuando en Soria hay espacios más que suficiente para buscar el desarrollo de sus recursos y tratar que en esas tierras tengan expectativas sociales y económicas sus habitantes de ahora y del futuro.
En Numancia sus habitantes resistieron a las legiones romanas hasta la muerte. Fue cuando Roma se interna y camina hacia los territorios del Norte. Se resiste durante 11 años. Tanto, que ante el fracaso de los estrategas, el Senado envió al cónsul Cecilio Metelo Macedonio. Y éste intervino en todo el alrededor celtibérico para evitar posibles ayudas. Seguidamente cercó la ciudad, la rodeó de siete campamentos -Castillejos, Peña Redonda, Valdevorrón, Travesadas, Alto Real, Dehesilla y Raza-, donde se instaló un contingente sitiador que llegó a contar con 60.000 soldados. Y todo ello para conquistar a una ciudad arévaca por el Imperio Romano, que paseaba sus estandartes triunfales desde Oriente a Occidente, con la cuenca del Mediterráneo como mar propio. Fue el hambre quien dejó a los defensores sin fuerza; defensores que se sacrificaron antes de entregarse. Numancia, como Cartago y Corinto, quedó arrasada. Solo quedaron unas ruinas. Pero esas ruinas son mucho más que un nombre. Es la tumba de un pueblo; el panteón de los pueblos libres de Iberia en un momento crucial de la historia. La historia que empieza a tejerse a partir de entonces, aunando voluntades, encontrándose los unos con los otros en una Península llamada Iberia, cuando juntos empezaron a conocerse y ser conocidos en el mundo como hispanos. Desde Osio a Prudencio, Mela, Séneca o Trajano... Por eso, y por muchas más, el Complejo Industrial Soria II debe situarse donde el coste en términos de patrimonio histórico sea mínimo. Y ancha es Soria, y Castilla, para encontrar un buen emplazamiento.