Dsculpadme el pequeño O.T.
Los mejores botijos de toda España eran los que se vendían mayoritariamente en Madrid, traídos a lomos de borricos desde Ocaña. Su arcilla blanca y porosa era la que mejor "evaporaba" el agua produciendo un efecto enfríamiento que en condiciones optimas, (es decir, colgado, a la sombra y en lugar ventilado) podía significar una bajada de tres o cuatro grados de temperatura.
Juro haberlo leído de las fuentes -que ahora me cuesta localizar, pero que están en la red- en las que aparecía la "ecuación de enfriamiento" (intercabmio térmico)producido por el singular "aparato".
Y pensar que en una época se dijo aquello de: "eres más simple que el mecanismo de un botijo". ¡Las vueltas que da el mundo!
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