Calle General Martínez Campos (1908) a la altura de la calle Miguel Ángel.
Se puede observar al fondo la actual plaza de Emilio Castelar, adornada todavía con "El obelisco de la Fuente Castellana".
El obelisco que constituye la Fuente de la Castellana fue mandado erigir por el rey Fernando VII para conmemorar, en principio, el nacimiento en 1830 de su hija, la futura reina Isabel II. Aunque finalmente se levantó para celebrar su tercer cumpleaños, que coincidió con su ascenso al trono, representado con ello una alusión simbólica a las esperanzas depositadas en la joven reina y en su capacidad para guiar adecuadamente los destinos de España. El proyecto fue realizado por el arquitecto Francisco Javier de Mariategui con quien colaboró el escultor y académico José de Tomás en las labores de ornamentación, siendo ayudados ambos por el cantero José Arnilla y el broncista Eugenio Alonso; juntos crearon una de las obras más destacables de la arquitectura conmemorativa neoclásica en el Madrid de la primeras décadas del siglo XIX.
Su ubicación inicial fue el entonces recién abierto paseo de la Castellana, concretamente lo que hoy es la glorieta de Emilio Castelar, en donde permaneció instalado como fuente hasta el año 1869, cuando su pilón fue sustituido por un ajardinamiento y las esfinges fueron trasladadas a la entrada del estanque del parque de El Retiro. Posteriormente, en 1906, con motivo de la erección del monumento al afamado político Emilio Castelar, la obra fue desmontada y trasladada en 1914 a la plaza de Manuel Becerra, donde recobró su carácter de fuente al añadírsele un vaso circular en la parte inferior y las dos esfinges-surtidores.
Finalmente en 1969, el conjunto fue reubicado en el parque de la Arganzuela junto al Manzanares, formado parte, como el elemento más destacado, de una nueva fuente ornamental dotada de un gran estanque elíptico adornado con varios juegos de agua que desaparecerían como consecuencia de las obras de soterramiento de la M-30.
