Oportuna noticia que edita el Periódico de Catalunya para disfrutar de Barcelona con una copa en la mano.
Copas a vista de pájaro
Los hoteles agrupan la mayoría de las terrazas situadas a gran altura y que permiten redescubrir
nuevos detalles de BCN H Los barceloneses cada vez son más asiduos
Sábado, 14 de agosto del 2010
PATRICIA CASTÁN. BARCELONA
Hubo un tiempo en que escalar hasta lo alto de un hotel barcelonés y coronar su cima con una buena copa de cava era un privilegio solo para huéspedes. De manera que la ciudadanía no podía descubrir en su propia ciudad la magia en versión panorámica que se desplegaba para los que se alojan por unos días en la capital catalana. Pero la situación cambió hace unos años, y las terrazas no solo proliferan en lo alto de cualquier hotel que se precie, sino que ya son territorio conquistado por la población local.
Los megahoteles no son las únicas cumbres donde gozar de un ágape o tomar algo mirando a un infinito de hormigón, aunque suman buena parte de la oferta. Para quienes prefieren la opción más rupestre, una de las más atractivas de Barcelona se ubica en el Mirador del Migdia, en Montjuïc. La Caseta del Migdia es todo un edén con vistas increíbles, donde comer, cenar o tomar una copa (como mucho hasta las 2.30 horas en fin de semana) casi en plena naturaleza. Este año la novedad se sirve los miércoles, dedicados a la sardina y la rumba en directo, con gran éxito de convocatoria.
Dejando a un lado los clásicos intemporales (como la situada en la última planta de El Corte Inglés de la plaza de Catalunya), algunas sorprenden por entrañables y estratégicas, como la del Museu Dalí (en el edificio del Real Círculo Artístico, junto al Portal de l'Àngel), a tan poca altura que permite contemplar y cotillear todo lo que se cuece en la concurrida calle.
Adentrándose en hoteles, la oferta se dispara en la misma zona. La Rambla muestra sus vísceras desde el velador del Hotel 1898, donde también se puede tapear a diario, mientras que la Via Laietana late desde la del Grand Central. Por el día es zona de piscina y relax de la clientela, pero por la tarde es punto de encuentro de copeo, como la del cercano Duquesa de Cardona, con vistas al puerto y música en vivo, o la del Pulitzer (Visit) en la calle de Bergara, en pleno corazón urbano y una incondicional de todos los veranos. Más reciente es la incorporación del Barceló Raval, que el año pasado ya sedujo con sus vistas en 360 grados desde la Barcelona más multiétnica.
Ya en el Eixample, una de las terrazas más exitosas del verano, por su fórmula desenfadada (se cena por unos 25 euros a base de tapas mediterráneas) es la terraza Alaire, del Hotel Condes de Barcelona, desde donde se contempla el paseo de Gràcia con la Sagrada Família recortada al fondo. Funciona a diario pero los domingos tienen música en vivo; los martes, pinchadiscos y los miércoles celebran las veladas con champán Moët, con menú especial muy asequible y fondo de jazz y funk.
Muy cerca, en el Majestic se impone la Dolce Vita, punto de encuentro de muchas personalidades locales que este verano también paladean su barra japonesa, con un pack de sushi y cerveza a precio anticrisis pese a tratarse de un hotel de lujo. En la misma categoría vuelve a ser una apuesta segura el Claris, donde se coma o cene –a la carta– o no, al atardecer se puede disfrutar de música en vivo varios días por semana. Si lo que se busca es un ambiente íntimo, en plena trama de Cerdà pero sin vistas, la del Granados 83 (Enric Granados) es idónea, mientras que los que quieren conocer el ambiente gay de la ciudad no se pierden la del Axel (Aribau, 33), que acaba de ser ampliado también en lo alto.
Alejándose del centro, entre otras muchas, el Me (en Pere IV) ofrece dos opciones, una en lo alto, más relajada (y con la posibilidad gastronómica del prestigioso restaurante Dos Cielos) y otra a ritmo de baile, en la sexta planta.
Fuente:
El Periódico de Catalunya