Torres de Quart.
Sencillamente me encanta. Sobrias, sencillas, nada espectaculares, pero siempre sobrecogedora, irradia un testimonio de la historia como pocos museos y no necesita de un embellecimiento especial para dialogar con nosotros sobre los misterios que esconden sus puertas.
En la misma calle Quart nos encontramos con una iglesia, bella, escondida, pero que sigue dándonos la hora con rigor.
Por desgracia, su entorno aún no es todo lo interesante que podría ser. La plaza de delante, más abandonada y destrozada no puede estar, sin que el ayuntamiento se digne a reformarla. Delante, también, encontramos un edificio que se vende:




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